
Señor Director:
La situación del sistema de atención de urgencias en la comuna de Antofagasta ha alcanzado niveles críticos que requieren una discusión pública seria y la adopción urgente de medidas estructurales. Los datos disponibles reflejan una presión creciente sobre la red asistencial que amenaza con transformarse en una crisis sanitaria permanente.
Durante 2025, la región registró más de 131.000 consultas de urgencia por causas respiratorias, con semanas epidemiológicas que superaron 2.100 atenciones en apenas siete días. Paralelamente, la lista de espera no GES del Hospital Regional de Antofagasta llegó a 55.201 personas en 2024, lo que representa un aumento cercano al 40 % respecto de 2023. A ello se suman 6.115 pacientes en espera quirúrgica, cifras que evidencian un sistema tensionado en toda su cadena de atención.
Las consecuencias son visibles para cualquier ciudadano: salas de urgencia saturadas, esperas prolongadas incluso en patologías de baja complejidad y equipos clínicos sometidos a una presión laboral constante. Sin embargo, el problema no se explica únicamente por la demanda hospitalaria.
Antofagasta ha experimentado un crecimiento demográfico acelerado, acompañado de una importante población migrante y de un déficit habitacional significativo, con expansión de campamentos y condiciones sanitarias precarias. A ello se suma una limitada cobertura de atención primaria fuera del horario laboral, lo que termina derivando numerosos casos ambulatorios hacia los servicios de urgencia.
Asimismo, nuestra ciudad posee una realidad social y cultural diversa. Comunidades migrantes, pueblos andinos y poblaciones costeras conviven en un territorio donde los enfoques de salud no siempre dialogan adecuadamente con el modelo biomédico predominante. Incorporar mediación intercultural, educación sanitaria comunitaria y horarios de atención más flexibles podría mejorar el acceso temprano a la atención primaria y reducir la presión hospitalaria.
Fortalecer la red de atención primaria, ampliar la capacidad resolutiva local y avanzar hacia una atención culturalmente pertinente no es solo deseable: es indispensable para garantizar el derecho a la salud en una región que continúa creciendo.
Cristhian Cerna Márquez, Universidad del Alba
*Fotografía referencial