El regreso a clases suele concentrar la atención en listas, precios y disponibilidad de útiles escolares. Sin embargo, existe un aspecto menos visible que también influye en el bienestar de niños y niñas: la composición y calidad de los materiales que se usan a diario en salas de clases y hogares.
Algunos útiles escolares, como plasticinas, témperas, acuarelas o pegamentos, pueden contener sustancias químicas riesgosas si no cumplen la normativa. El plomo, incluso en exposiciones bajas y prolongadas, puede afectar el desarrollo intelectual, el comportamiento y el sistema neurológico infantil.
El riesgo aumenta si se considera la forma en que estos productos son utilizados. La manipulación constante, el contacto directo con la piel y la posibilidad de llevarse las manos a la boca facilitan el ingreso de estas sustancias al organismo. A esto se suma la presencia de solventes orgánicos en algunos adhesivos, como el tolueno, compuesto regulado en Chile debido a su potencial impacto en el sistema nervioso, especialmente en menores de corta edad.
Aunque existen regulaciones que fijan límites para la comercialización de artículos escolares, el problema surge cuando circulan productos de bajo costo que no cumplen con los estándares o presentan rotulados incompletos, dificultando que padres y cuidadores evalúen los riesgos.
Optar por útiles correctamente rotulados, con información clara en castellano y provenientes de comercios establecidos, reduce la exposición a estos peligros. A ello se suman prácticas simples, como el lavado de manos después de su uso. Pequeñas decisiones cotidianas pueden marcar una diferencia significativa en la protección de la salud infantil.
Fernando Torres
Toxicólogo y director de la Escuela de Química y Farmacia UNAB
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