Análisis psicológico a comediantes: el verdadero monstruo podría estar dentro de ellos

andrés mendiburoPor Andrés Mendiburo, doctor en psicología y académico de la Universidad Andrés Bello.

Gran parte del sadismo nacional se manifiesta durante el Festival de Viña. Todos los años y en todas sus noches, sin importar el género musical del artista que abra o que cierre, nos sentamos frente a la tele esperando con una maldad ligeramente menor a la vista en los juicios de Nuremberg a el o la comediante.

Si bien nuestro impulso humano es reírnos, este momento también despierta el inevitable deseo por experimentar vergüenza ajena, o “cringe”, como le decimos los jóvenes. En un lugar cada vez menos oculto de nosotros, estamos esperando que esos chistes fallen, que no aterricen y que, finalmente, el “monstruo” despierte.

Ante esta brutal y atrapante introducción hay una pregunta evidente y sensata que debemos hacernos: ¿qué clase de ser humano estaría dispuesto a prestarse para esto? ¿a contarnos chistes esperando que en la esponjosidad de nuestro sillón o el frío de la Quinta Vergara, nos riamos?

Afortunadamente existen ociosos que han decidido investigar, justamente, eso. O sea, investigadores que han tratado de describir las características de los comediantes profesionales.

En general, pensamos que los comediantes son como el payaso Garrik, que reía llorando. Vale decir, tenemos la idea de que son personas tristes y con historias trágicas que afrontan su dolor a través del humor. Eso es un poco cierto. Un estudio del 2024 de Lauren Lloveras y Wilson McDermut mostró que, en comparación con población normal, los comediantes profesionales presentan más características psicológicas negativas. Por ejemplo, mayor sintomatología relacionada con Desorden de Ansiedad Generalizado y con somatización. Además, tienen mayor uso problemático de alcohol y algunas drogas.

Pero eso no es todo, no señor. Los comediantes también parecen tener una peor imagen de sí mismos que las demás personas, incluso los que no son fomes. En el mismo estudio, este grupo mostraba mayor “autoestima maligna”, un concepto que en psicología se refiere a la idea negativa que se tiene de uno mismo y que está relacionada con mayor culpa, vergüenza, pesimismo, auto crítica, foco en sí mismo, deseo de aprobación o masoquismo, entre otros.

En otro estudio de Victoria Ando y colegas, se vio que los comediantes mostraban mayor pensamiento mágico, creencia en eventos paranormales y en la telepatía. Además, presentaban mayor distraibilidad, incapacidad para sentir placer social o físico y una mayor tendencia a la conducta antisocial. Esto último no quiere decir que sean delincuentes, claro. Sólo póngase en su lugar. Imagine que está frente a un público que históricamente ha tapado a pifias a los que no lo hacen reír. En casos como ese se necesita una dosis de frialdad e indiferencia frente a la desaprobación.

¿Todo lo anterior quiere decir que está todo mal y que no hay esperanza para los comediantes?

Sí.Bueno, no. También hay estudios que los hacen quedar mejor.

En la misma publicación de la que hablaba antes, así como en varias otras, se vio que los comediantes son personas más extrovertidas y abiertas a la experiencia. Esto quiere decir que son curiosos, imaginativos y poco convencionales, además de audaces y asertivos socialmente. Además, como vieron Paul Irwing y sus colegas, los comediantes puntúan más bajo en un rasgo de personalidad llamado “consciencia”, lo cual quiere decir que son menos apegados a las normas, más espontáneos y tolerantes a la incertidumbre.

No sólo eso. Gil Greengross y sus colegas también observaron que los comediantes tenían mayor inteligencia verbal que el resto de los mortales. Para encontrar esto, usaron una prueba en la cual se presentaban palabras y la persona debía encontrar otra palabra que tuviera el significado más parecido.

En resumen, los comediantes tienen también mayor capacidad para relacionar temas y para encontrar conexiones, en parte, porque son hábiles con el lenguaje, tienen mayor apertura a los escenarios sociales y están menos amarrados por las convenciones sociales.

¿Vieron? No todo estaba perdido para ellos. No son (sólo) almas deprimidas que nos hacen reír para enfrentar su tristeza. Son también personas más creativas, con mayor capacidad para ver lo que los otros no, más valientes socialmente.

Para terminar con esto, un mensaje de esperanza para usted, señor comediante, que fue pifiado en el Festival de Viña. Dos estudios de Simon Stewart y otros investigadores mostraron, entre otras cosas, que los comediantes más graciosos mueren antes que los menos graciosos. Ser fome le puede estar salvando la vida.