Un país que necesita saltar: la evidencia que une ejercicio, salud y futuro en Chile

imagePor Frano Giakoni Ramírez, director de Entrenador Deportivo UNAB.

Hoy, en Chile, el reflejo ante el espejo es también un termómetro de salud colectiva. Con un 30,7 % de la población viviendo con obesidad, muy por encima del promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) del 19 %, y proyecciones que indican que 9 de cada 10 chilenos podrían tener exceso de peso para el 2050, el problema no es menor. Esta crisis de hábitos complejos aparece junto a otra realidad: la búsqueda de estrategias que respondan a condiciones que dejan de ser anecdóticas y se transforman en urgencias de salud pública.

Entre estas estrategias aparece una pieza quizá inesperada: los saltos. Estudios recientes muestran que incorporar ejercicios de impacto puede mejorar la densidad ósea en adultos mayores, reduciendo el riesgo de fracturas y fortaleciendo el esqueleto en fases de la vida donde la masa ósea tiende a disminuir. En otras palabras: mientras la obesidad avanza como epidemia en Chile, se abre la puerta a cambiar el enfoque desde lo meramente nutritivo o cardiovascular hacia lo funcional, hacia lo estructural.

Las cifras son alarmantes. En Chile, además del aumento del exceso de peso, solo cuatro de cada diez adultos se consideran físicamente activos. En niños y adolescentes la cifra baja aún más. El sedentarismo avanzado y los malos hábitos alimenticios han configurado un cuadro que trasciende lo corporal: se convierte en social, económico, cultural. Frente a ello, el salto como ejercicio, una acción simple, accesible, que no exige gimnasio elitista, ofrece un indicio de la vía que podría acompañar: menos sofisticación, más funcionalidad; menos discurso, más movimiento.

Pero mientras se habla del salto y de la fortaleza ósea, no debemos olvidar que el ejercicio, como toda estrategia, debe adaptarse a la vida real de las personas: mayores con fragilidad, quienes tienen antecedentes de osteoporosis o quienes llevan años sin actividad requieren acompañamiento. Investigadores advierten que el salto “no es adecuado para todas las personas” y debe combinarse con fortalecimiento de piernas, caderas y espalda. Aquí aparece otra veta esencial del análisis: no se trata de un accesorio de salud. Se trata de reconfigurar cómo se vive la actividad física, cómo se piensa el deporte y la movilidad en un país que no puede seguir esperando.

Si Chile aspira a revertir la curva de obesidad, sedentarismo y enfermedades relacionadas, debe ensanchar su mirada: no sólo al “más kilos” o al “menos grasa”, sino al “más fortaleza”, al “más hueso”, al “más tejido que resiste”. Y en esa mirada, ejercicios que antes parecían menores cobran protagonismo. Saltar, escalar, moverse de forma funcional: no son modas, son parte de la urgencia.

El salto también trae consigo una metáfora poderosa: de subir, de elevarse, de cambiar de plano. Chile está en un punto donde no basta con adaptarse, sino con transformarse. Recuperar hábitos saludables, invertir en actividad física para todos, diseñar rutas de movilidad funcional y pensar la salud como una gran infraestructura social. Cada salto cuenta, literalmente, y el país debe animarse a hacerlo.

La obesidad chilena no se vencerá solo con dietas o apps de contar calorías. Se vencerá también con huesos fuertes, articulaciones capaces de moverse, cuerpos que resistan. Y en ese camino, dar el primer salto no es solo comenzar a ejercitarse: es comenzar a imaginar un país más ágil, más vivo, más libre de peso.

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