
Sara Bustamante, directora carrera de Obstetricia y Puericultura, UDLA sede Viña del Mar.
En las últimas dos décadas, Chile ha experimentado una notable disminución en las tasas de embarazos adolescentes, situándose en niveles históricamente bajos. Este cambio responde a múltiples factores que han contribuido a una sociedad más informada sobre sexualidad y salud reproductiva, en un proceso sostenido que refleja transformaciones culturales, educativas y sanitarias.
De acuerdo con información del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y el Instituto Nacional de la Juventud, en 2000, la fecundidad adolescente era alta, con cifras que superaban el 20% en algunas regiones. Con el paso del tiempo, la implementación de programas y políticas públicas comenzó a mostrar resultados. Entre 2008 y 2020, descendió más de un 70%, alcanzando cerca de 14 nacimientos por cada mil mujeres entre 15 y 19 años, una de las cifras más inferiores de América Latina.
Entre los factores asociados, la educación sexual integral ha sido relevante al incorporar contenidos sobre métodos anticonceptivos, reproducción y relaciones. A esto se suma la ampliación del acceso a control de fertilidad, especialmente los reversibles de larga duración, lo que permite decisiones informadas.
Las campañas de concientización también han contribuido a visibilizar las implicancias del embarazo temprano y a promover el uso de anticonceptivos. Asimismo, las políticas públicas, junto con programas y espacios amigables en el sistema de salud, han incidido en esta reducción.
A nivel social, el aumento del nivel de escolaridad y las oportunidades han influido en que más jóvenes posterguen la maternidad, priorizando la continuidad de estudios y la inserción laboral.
Aunque la tendencia es positiva, persisten desafíos. Se mantienen brechas territoriales y socioeconómicas, con tasas más altas en comunas con menor acceso a educación y servicios de salud. Se requiere fortalecer la formación en salud reproductiva y mejorar la accesibilidad a métodos anticonceptivos en toda la población adolescente, junto con sostener estrategias de prevención y apoyo a quienes enfrentan un embarazo a temprana edad.
La disminución de estas gestaciones muestra que la articulación entre enseñanza, políticas públicas y cambios culturales tiene efectos concretos en la vida de los jóvenes. El desafío es sostener estos avances con enfoque en equidad, promoviendo que la información y el acceso lleguen a todos los territorios y contextos sociales.