Por Giovanni Carozzi, académico de Educación UNAB.
Frente a la crisis se dice que los que deben liderar y actuar son los jóvenes, pero tendría algo de mesura con ese dicho, principalmente porque estos tiempos parecen siempre tiempos de crisis. De todas formas, junto con decir que los jóvenes no son el mañana, sino el presente, expresaría que estas generaciones son señaladas por algunos estudios, como un grupo donde el individualismo se acrecienta, sin embargo, los vemos en esta catástrofe y tantas otras que azotan a nuestro país, con pala en mano, ayudando una y otra vez. Eso nos debería llenar de orgullo y darnos confianza en las nuevas generaciones. Como dijera en su momento Manuel Rodríguez, aún tenemos patria, ciudadanos.
No obstante, en estos tiempos de desastres socio naturales que conllevan tantas situaciones dolorosas para nuestra comunidad, hay personas que destacan, porque son simplemente unos fuera de serie, gente que nos da lecciones de vida, porque definitivamente son de otra madera y no me refiero a nuestras juventudes, sino que a las personas mayores.
Un señor mayor, dice con un nivel de aplomo: “Yo tomé la platita que tenía, nos tomamos de la mano con mi señora y evacuamos…lo material no importa… al final lo bueno es que estamos bien y con buena salud”. Las lágrimas me saltan, me conmueve tanta templanza, porque el mensaje es de una profundidad que sólo puede dar la sabiduría de la vida y un nivel de resiliencia a toda prueba.
Que importante sería volver a lo que Platón nos señalaba como camino ético. Virtudes que las conocemos hoy como virtudes cardinales: Templanza, Prudencia, Fortaleza y Justicia. Volver al sentido de la vida no siempre es fácil en este convulsionado mundo. Pero si hay una parte de la población que esta alineada con estas virtudes, son gran cantidad de las personas mayores de nuestro país.
Se escucha a una mujer mayor que dice: “Yo he pasado inundaciones, terremotos, tsunamis, incendios, así que me voy a volver a levantar”. Ese es un mensaje que nos tiene que hacer sentido. Para que nos hablemos mejor como país, es necesario que nos digamos lo capaces que somos y no olvidarnos que las catástrofes también enseñan, sobre todo nos vuelven a las cosas esenciales y realmente importantes de la vida. En ese sentido las personas mayores nos dan lecciones de vida y virtud, nos señalan un camino de buen vivir.
No podemos olvidar que tenemos mucho que aprender de ellos y que les debemos el lugar que se merecen: el de guías sabios y virtuosos que orientan nuestros caminos futuros en este mundo que pese a todo es maravilloso.
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