El Índice Económico IPP UNAB subió a 39,2 puntos y se posiciona en el escenario “bien y mejorando”, impulsado por una caída de la incertidumbre, mayor confianza empresarial y mejores indicadores en inflación y empleo.
La economía chilena comienza a consolidar un escenario de recuperación durante 2026. Así lo muestra el último Barómetro de la Economía Chilena del Instituto de Políticas Públicas de la Universidad Andrés Bello (UNAB), que evidenció en febrero una mejora relevante y transversal en sus principales indicadores.
El Índice Económico IPP UNAB alcanzó los 39,2 puntos, lo que representa un alza de 7,8 puntos respecto a enero, posicionándose en el cuadrante más favorable del instrumento: “bien y mejorando”. Este resultado refleja un avance sostenido en la actividad económica, acompañado de una mayor coherencia entre expectativas, condiciones macroeconómicas y la situación de los consumidores.
Expectativas impulsan el optimismo
Uno de los factores clave detrás de esta mejora es la fuerte recuperación del subíndice de Expectativas, que subió 12,3 puntos hasta alcanzar los 60,3 puntos, instalándose en terreno optimista. Esta alza se explica principalmente por la caída de la incertidumbre económica y una mejora en la confianza empresarial, elementos que han sido determinantes para anticipar una reactivación más consistente.
En ese contexto, el análisis del Instituto UNAB de Políticas Públicas apunta a que la economía chilena está transitando hacia una fase de mayor estabilidad, en la que distintos componentes comienzan a alinearse de forma positiva, generando condiciones más favorables para el crecimiento.
Inflación y empleo muestran avances
El informe también muestra avances en la situación de los consumidores, que aumentó 2,6 puntos y logró ingresar al rango “bien y mejorando”. Este resultado está directamente relacionado con una baja en la inflación, que pasó de 3,5% a 2,8%, acercándose a la meta del Banco Central, y con señales de mejora en el mercado laboral.
En materia de empleo, el desempleo descendió a 8,0%, alcanzando su nivel más bajo desde fines de 2024. A esto se suma una leve recuperación en la creación de empleo, que volvió a terreno positivo con un crecimiento de 0,3%, junto con un aumento en la tasa de ocupación, que llegó a 57,1%. Estos indicadores reflejan una mejora gradual en las condiciones económicas de los hogares, aunque todavía con desafíos relevantes.
Mejora macroeconómica, pero con riesgos
Por su parte, el subíndice de Situación Macroeconómica también evidenció un desempeño positivo, con un alza de 4,1 puntos. Entre los elementos que explican este resultado destacan el crecimiento del IMACEC de 1,7% interanual, la caída del tipo de cambio —que refleja una apreciación del peso— y un desempeño favorable de las exportaciones, que si bien moderaron su ritmo, se mantienen en niveles elevados.
Pese a este escenario más optimista, el informe advierte la existencia de riesgos que podrían afectar la consolidación de la recuperación. Entre ellos, destaca el aumento de la morosidad de los hogares y ciertos niveles de volatilidad en los mercados financieros, factores que podrían tensionar la estabilidad en el mediano plazo.
2026: un año clave para consolidar la recuperación
En términos generales, el Barómetro muestra que el 79,2% de las variables económicas se ubican en terreno positivo, lo que confirma un desplazamiento amplio hacia mejores condiciones. Este resultado refuerza la idea de que la economía chilena está dejando atrás una fase de mayor incertidumbre para entrar en un ciclo de recuperación más estructural.
De cara a los próximos meses, las proyecciones apuntan a que 2026 podría consolidarse como un año de normalización económica, con una inflación controlada y una recuperación gradual del empleo y la actividad. Sin embargo, el principal desafío será sostener estas mejoras en el tiempo y evitar retrocesos en variables clave.
La evolución de la economía chilena dependerá, en gran medida, de la capacidad de mantener la confianza, fortalecer el dinamismo del mercado laboral y contener los riesgos asociados al endeudamiento de los hogares. En ese escenario, la consolidación de esta tendencia positiva no solo será una señal técnica, sino también un factor clave para la estabilidad económica y social del país.