Verano en faena: el Hantavirus como riesgo biológico laboral que Chile aún subestima

Dra. Gabriela Moreno MaturanaDra. Gabriela Moreno Maturana, miembro de la Sociedad Chilena de Medicina del Trabajo (SOCHMET).

En Chile, el Hantavirus sigue siendo percibido como un riesgo “rural” y lejano. Sin embargo, desde la mirada de la medicina del trabajo, es un agente biológico ocupacional vigente, silencioso y subestimado. El virus Andes, responsable de los casos nacionales, no distingue contrato, rubro ni experiencia: basta una exposición ambiental para iniciar una enfermedad potencialmente letal.

El reservorio, el ratón de cola larga (Oligoryzomis longicaudatus), elimina el virus por saliva, heces y orina. La principal vía de infección es la inhalación de aerosoles contaminados. También ocurre por contacto de manos contaminadas con mucosas, por contacto estrecho entre personas en etapas precoces de la enfermedad, e incluso por leche materna. Es decir, el riesgo no se limita al campo: se extiende a bodegas, faenas, recintos cerrados y actividades recreativas.

El problema es que el inicio clínico engaña. Fiebre, mialgias, cefalea y síntomas gastrointestinales simulan una gripe. El trabajador sigue en faena, el supervisor minimiza el cuadro y se pierde un tiempo precioso. Cuando aparecen los síntomas respiratorios, el síndrome cardiopulmonar por Hantavirus ya puede estar en desarrollo.

Las cifras obligan a tomarse este riesgo en serio. En 2025 se notificaron 44 casos en Chile, con 70% en hombres y una letalidad del 18%. Las tasas más altas se registraron en Aysén (4,6 por 100 mil habitantes) y Los Ríos (2,17). El mayor número de casos ocurrió entre noviembre y marzo. Los principales factores de exposición fueron residencia rural, excursiones, ingreso a recintos cerrados y trabajo agrícola o forestal.

El entorno favorece al reservorio: zonas rurales y periurbanas, florecimiento de quila, abundancia de granos en épocas secas y follaje en estaciones húmedas. El verano, paradójicamente, es la estación más peligrosa. En ese escenario, rubros como agricultura, forestal, turismo outdoor, construcción y control de plagas enfrentan un riesgo ocupacional concreto.

La prevención no es sofisticada, pero sí exige disciplina. Orden, saneamiento, control integrado de plagas, alimentos y residuos en envases cerrados, sellado de accesos y ventilación. Antes de ingresar a un recinto deshabitado: ventilar al menos 60 minutos, limpiar con paño húmedo y desinfectar, nunca barrer ni aspirar. Son medidas simples que aún se incumplen por desconocimiento, exceso de confianza o presión productiva.

Desde la medicina del trabajo se observa que el mayor enemigo no es el virus, sino la normalización del riesgo. Seguimos viendo trabajadores que entran a bodegas cerradas sin ventilar, que manipulan residuos sin protección o que ignoran síntomas iniciales. La prevención no falla por falta de normas sino por falta de cultura preventiva.

Chile ha avanzado con la notificación obligatoria y la vigilancia epidemiológica. No obstante, el siguiente paso es integrar el Hantavirus de forma explícita en la gestión de riesgos laborales, en las inducciones, en las matrices de riesgo y en la capacitación permanente. Este no es un problema del sur ni del campo: es un riesgo biológico laboral nacional. Prevenir el Hantavirus no es solo evitar una infección. Es proteger vidas, continuidad laboral y dignidad humana. En eso, especialmente en verano, como país, aún tenemos trabajo pendiente.

Be the first to comment

Leave a Reply

Your email address will not be published.


*