Médico Veterinario
Académico Técnico en Veterinaria y Producción Pecuaria
CFT Santo Tomás Viña del Mar.
Lo que hoy vuelve a encender las alarmas en la Región de Valparaíso no es una noticia menor ni un problema exclusivo del mundo agrícola. La detección de influenza aviar H5N1 en aves silvestres del Humedal El Yali, seguida por el caso confirmado en el Jardín Botánico de Viña del Mar y otros focos recientes en el país, reabrió una preocupación que Chile ya vivió con fuerza: la entrada de una enfermedad capaz de afectar la fauna silvestre, comprometer la producción avícola, alterar el comercio exterior y generar inquietud en salud pública.
El mundo aprendió a mirar esta enfermedad con otros ojos a partir de 2023. En Estados Unidos, el brote se transformó en uno de los eventos sanitarios más complejos de su historia reciente, con millones de aves afectadas y un fuerte impacto sobre la industria del huevo (los precios de venta aumentaron un 96%). En Brasil, las primeras detecciones en aves silvestres y, posteriormente, en producción comercial, activaron alertas sanitarias y comerciales. Esa experiencia internacional dejó una lección muy clara: la influenza aviar no es solo un problema veterinario, sino una amenaza sanitaria, ambiental y económica de escala global.
Chile tampoco estuvo exento. El brote de 2022-2023 afectó a más de 100 mil aves silvestres de 52 especies, alcanzó 175 criaderos de traspatio y 12 establecimientos comerciales. El país logró controlar esa emergencia y recuperar su condición de libre de influenza aviar en aves de corral, pero lo ocurrido este año confirma que esa recuperación no significa que el riesgo haya desaparecido. Significa, más bien, que debemos sostener una vigilancia estricta y permanente.
Conviene explicar de qué estamos hablando. La influenza aviar es una enfermedad viral altamente contagiosa que afecta tanto a aves domésticas como silvestres. Dentro de ella, el subtipo H5N1 de alta patogenicidad es hoy el referente sanitario más sensible para la avicultura mundial, porque puede provocar mortalidades muy elevadas en pocos días. Además, se trata de una zoonosis: el riesgo para la población general es bajo, pero las infecciones humanas pueden ocurrir, especialmente tras contacto estrecho con aves infectadas o ambientes contaminados, y pueden causar cuadros graves. Por eso esta enfermedad se vigila con tanta seriedad en todo el mundo.
El contagio ocurre principalmente por contacto con heces y secreciones respiratorias de aves infectadas, pero también por agua, alimento, jaulas, equipos, ropa o calzado contaminados. Por eso las aves silvestres, especialmente las acuáticas y migratorias, representan una vía crítica de ingreso del virus hacia traspatios y planteles. En aves, los signos de alerta más frecuentes son decaimiento, plumaje erizado, dificultad respiratoria, descoordinación, coloración azulada en cresta, barbillas o patas, caída brusca en la postura de huevos y mortalidad inusual. En personas, el riesgo sigue siendo bajo, pero en casos de exposición estrecha pueden aparecer fiebre alta, tos, dolor de garganta, dolores musculares o conjuntivitis, y en cuadros graves dificultad respiratoria. Ante cualquier sospecha, lo correcto es no manipular ni trasladar las aves, no consumir ni comercializar huevos o animales enfermos, aislar el sector y avisar de inmediato al SAG para activar la evaluación sanitaria oficial. La rapidez en la denuncia es clave para contener un brote antes de que se transforme en un problema mayor.
Su impacto no termina en la sanidad animal. Las aves acuáticas y migratorias son reservorios naturales del virus, y su circulación afecta también a la biodiversidad y a los ecosistemas. En una región como Valparaíso, donde conviven humedales, zonas urbanas, turismo, aves silvestres y tenencia de aves de traspatio, esta alerta tiene una dimensión ambiental evidente. Lo que comienza en la fauna silvestre puede cruzar rápidamente hacia sistemas domésticos si no existen barreras sanitarias adecuadas. Por eso la bioseguridad no es un tecnicismo: es la línea que separa una detección contenida de una crisis mayor.
También hay una dimensión comercial y alimentaria que la ciudadanía debe comprender. En Chile, el pollo sigue siendo la carne más consumida, con 33,9 kilos por persona al año, equivalentes al 41% del consumo total de carnes. En huevos el consumo en 251 unidades por habitante. Estamos hablando, por tanto, de dos alimentos centrales en la dieta nacional. Hoy, el alza esperada alrededor del 10% en estos productos responde sobre todo a costos de producción y combustibles, no a la influenza aviar; pero si esta enfermedad no se controla, su impacto sobre la oferta, los precios y el abastecimiento puede ser mucho mayor.
Por eso Chile enfrenta esta enfermedad con máxima severidad. Cuando aparece un caso positivo, el SAG puede ordenar el sacrificio inmediato de aves infectadas, e incluso de aquellas sospechosas de haber estado expuestas a influenza aviar. Si el riesgo lo amerita, también puede restringir movimientos, clausurar instalaciones e incluso cerrar planteles completos. En ese contexto, la Resolución Exenta N° 7.695 de 2024 endureció las exigencias de fiscalización, por lo que hay una advertencia importante: sin papeles en regla ni cumplimiento sanitario, el productor puede perder toda indemnización tras la eliminación de su plantel. En influenza aviar, un descuido puede costar miles de aves, comprometer la producción y abrir la puerta a una crisis sanitaria de gran escala.
Como docente y médico veterinario dedicado a la producción aviar, me parece importante insistir en una idea simple: la influenza aviar no debe interesarle solo a quienes trabajan con aves. Debe importarnos a todos. Porque toca biodiversidad, salud pública, producción de alimentos y economía familiar. Chile ya demostró que puede enfrentarla y contenerla. Pero eso solo es posible cuando la prevención comienza antes del brote, con información clara, vigilancia oportuna y medidas concretas en cada predio, por pequeño que sea. En influenza aviar, llegar tarde siempre cuesta más.
Como especialistas en el área, hemos habilitado un canal de orientación gratuita vía whatsapp para productores y personas con aves, donde pueden realizar consultas sobre bioseguridad, infraestructura o manejo sanitario a través del número +56928793663. La prevención comienza con información oportuna.