Cada verano se repite una paradoja sanitaria: mientras aumentan la movilidad, los encuentros sexuales y las conductas de riesgo, la prevención de infecciones de transmisión sexual (ITS) pierde visibilidad. Pero la evidencia es clara: las ITS no disminuyen en vacaciones; al contrario, aumentan cuando se debilita la información, el acceso a insumos y los controles de salud.
La OMS y ONUSIDA advierten del alza de sífilis, gonorrea y VIH, especialmente en jóvenes. En Chile, la autoridad sanitaria confirma esta tendencia, mostrando que los avances biomédicos no bastan sin prevención y educación sexual sostenida.
El verano concentra factores de riesgo: mayor consumo de alcohol, relaciones ocasionales, menor uso de preservativo y una falsa sensación de seguridad asociada al “descanso”. A esto se suma la menor vinculación con servicios de salud, lo que retrasa diagnósticos y favorece la transmisión silenciosa.
La prevención no se limita a repartir condones: requiere educación integral, testeo oportuno, consejería sin estigmas y un enfoque de derechos. El Colegio Internacional de Matronas destaca que el abordaje efectivo exige continuidad del cuidado y equipos de salud activos.
Recordar que la prevención no toma vacaciones es una responsabilidad compartida. Invisibilizar este problema solo posterga diagnósticos y agrava sus consecuencias.
Macarena Arriagada Belmar
Directora de Obstetricia, U. Andrés Bello, sede Viña del Mar
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