Por Dra. Ximena Paz Martínez-Oportus, médica veterinaria, PhD. Directora Médica de NCVA y presidenta de la Sociedad Chilena de Neurología y Neurocirugía Veterinaria.
En la consulta neurológica la escena se repite: un perro llega tras una crisis convulsiva, desorientado, buscando con la mirada a quien lo trajo, y su tutora pregunta: «¿Él se da cuenta de lo que le pasa?». La ciencia ya respondió, y la respuesta nos obliga más a nosotros que a ellos.
Los animales sienten. Mamíferos y aves comparten con nosotros las estructuras cerebrales que procesan el dolor, el miedo, el placer y el apego. La Declaración de Cambridge (2012) y la Declaración de Nueva York sobre la Conciencia Animal (2024) lo reconocieron: la pregunta ya no es si sienten, sino qué hacemos con ese conocimiento.
Las redes sociales nos la plantean a diario. En Procida, Italia, unos pescadores liberaron a una cría de delfín atrapada en una red mientras la madre saltaba junto al bote. En Recoleta, un joven subió al techo de una micro para soltar a una paloma enredada en el hilo de un volantín, con el conductor detenido esperándolo. En Concepción, un Queltehue/Treile que giraba sobre una rejilla alertó a los vecinos: abajo estaban sus crias.
Conviene mirar estas escenas con afecto y con rigor. No sabemos si un delfín «agradece» como lo haría una persona, pero sí que la madre que salta o el ave que no se aleja expresan conductas de alarma y apego materno, sostenidas por circuitos que compartimos. Lo que debería conmovernos no es la gratitud, sino la evidencia de que ahí hay alguien que siente.
Reconocerlo tiene consecuencias. Si un animal siente dolor, dejarlo sin analgesia es una decisión. Si siente miedo, el abandono o la cadena corta son sufrimiento evitable. Chile avanzó con la Ley 20.380 y la Ley Cholito, pero las normas van más rápido que las prácticas. En La Araucanía convivimos con perros comunitarios, animales de trabajo en el mundo rural y familias que tratan enfermedades crónicas lejos de los centros de especialidad. La sintiencia se reconoce en el acceso a diagnóstico, en el manejo del dolor y en cómo planifican las instituciones.
El enfoque One Welfare recuerda que el bienestar animal y el humano están entrelazados: acompañar bien a un animal que sufre es también acompañar a quien lo cuida. Por eso la Neurociencia y la neurología veterinaria tiene una responsabilidad social: traducir la evidencia, formar profesionales y colaborar con municipios y universidades para convertirla en políticas.
Vuelvo a la tutora. Sí, él se da cuenta. Los animales sienten. La verdadera prueba es si, como sociedad, estamos dispuestos a actuar en consecuencia.
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