Docente UST: mujeres que sostienen la funcionalidad y la esperanza en el 8M

Claudia Meza Narváez, KinesiólogaClaudia Meza Narváez, kinesióloga, magíster en Docencia e Innovación Pedagógica en Educación Superior, especialista en Neurokinesiología e Integración Sensorial, terapeuta CME Nivel II y docente UST.

En la rehabilitación infantil en Chile, las mujeres no solo participamos: lideramos. Según datos de la Superintendencia de Salud (2024), el 70,8 % de los profesionales de la salud en el país son mujeres. En áreas clave para la infancia, la presencia femenina es aún mayor: 87,5 % en fonoaudiología, 85,2 % en terapia ocupacional, 72,8 % en psicología y 54,7 % en kinesiología, entre otras profesiones. Estas cifras reflejan que el acompañamiento del desarrollo infantil tiene rostro de mujer.

Sin embargo, detrás de los porcentajes hay historias de esfuerzo cotidiano. Historias que implican formación continua, certificaciones, estudio fuera del horario laboral y actualización permanente. Muchas veces, ese crecimiento profesional convive con la maternidad, la vida familiar y otras responsabilidades que no siempre son visibles ni reconocidas.

En el camino de especialización —como en la formación en Cuevas Medek Exercises (CME), en mi caso— comprendemos que el desarrollo profesional exige estudio constante, viajes, inversión económica y horas que se restan al descanso. Pero también descubrimos algo más profundo: nuestra capacidad de sostener procesos largos, de acompañar la frustración y de celebrar pequeños logros con una convicción inquebrantable.

Las mujeres que trabajamos en neurorrehabilitación infantil no solo intervenimos el movimiento; acompañamos la esperanza de las familias. Y eso requiere preparación técnica, sí, pero también una fortaleza silenciosa que se construye cada día al equilibrar trabajo, hogar y vocación.

Hoy la rehabilitación se guía por la Clasificación Internacional del Funcionamiento, la Discapacidad y la Salud (CIF), donde el foco ya no está solo en el diagnóstico, sino en la funcionalidad: en potenciar actividades, participación y factores contextuales que permitan que cada niño y niña se integre plenamente a su entorno. Cada logro motor, comunicativo o conductual es mucho más que un avance clínico; es una puerta que se abre hacia mayor autonomía y calidad de vida.

Conmemorar el 8 de marzo es reconocer a las mujeres que sostienen procesos largos con rigor científico y profunda empatía. A quienes estudian de noche, atienden de día y regresan a casa a seguir cuidando. A quienes entienden que intervenir en la infancia no es solo aplicar técnicas, sino impactar trayectorias de vida.

Porque cuando una mujer avanza en su formación y liderazgo en rehabilitación infantil, no avanza sola: avanzan los niños, las familias y la sociedad que estamos construyendo, una sociedad más inclusiva, más consciente y más humana.

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