- Las matrículas en pedagogía muestran una disminución aproximada del 10% en la última década a nivel general.
- Cerca del 20% de los profesores nuevos abandona la profesión antes de cumplir cinco años de ejercicio laboral.
- Es necesario diversificar las vías de acceso con talento pedagógico y mejorar la valoración social de la docencia.
La formación de profesores enfrenta un desafío que no podemos ignorar: la disminución sostenida de las matrículas en carreras de Pedagogía. De acuerdo con la revisión de antecedentes del Sistema Nacional de Información de la Educación Superior, realizada en 2025, la tendencia mostró una caída a nivel nacional hasta 2022 y un leve repunte desde 2023. Sin embargo, la disminución persiste en Institutos Profesionales y Centros de Formación Técnica, una realidad que también se observa en las regiones del Biobío y Ñuble. En una década, entre 2016 y 2026, la reducción alcanza aproximadamente un 10%.
¿Qué explica este fenómeno? Entre los factores identificados se encuentran la acreditación obligatoria de las carreras de Pedagogía, que implicó el cierre de algunos programas; los efectos de la pandemia en el acceso a la educación superior, y el aumento de los requisitos de ingreso. A ello se suman las inquietudes de los propios estudiantes frente a los desafíos que supone enseñar en la actualidad.
No obstante, centrar la discusión únicamente en cuántos estudiantes ingresan sería abordar solo una parte del problema. También debemos preguntarnos cuántos permanecen en el sistema escolar. Se ha reportado que cerca de un 20% de los profesores abandona la profesión antes de cumplir cinco años de ejercicio. Esta cifra nos obliga a mirar la trayectoria docente de manera integral, desde el ingreso a la formación inicial hasta el desarrollo profesional.
Frente a este escenario, necesitamos estrategias que permitan identificar y acompañar a quienes cuentan con vocación, capacidades y disposición para asumir los desafíos de la enseñanza. Esto no significa flexibilizar los requisitos para ingresar a Pedagogía sin criterios claros, sino diversificar las vías de acceso para reconocer distintos talentos. En este sentido, los programas de talento pedagógico constituyen una oportunidad que requiere un mayor impulso desde las políticas públicas.
Asimismo, es fundamental aprovechar las evaluaciones diagnósticas nacionales obligatorias para monitorear el progreso de los estudiantes desde el primer año de formación. Complementar estos resultados con indicadores de ingreso y evidencia sobre las trayectorias formativas permitiría evaluar las estrategias implementadas y tomar decisiones más pertinentes para cada contexto.
Sin embargo, ninguna medida será suficiente si no avanzamos como sociedad en la valoración de la profesión docente. Atraer nuevos estudiantes es importante, pero también lo es generar condiciones para que quieran permanecer, desarrollarse y construir una trayectoria profesional en las aulas.
El desafío, por tanto, no consiste únicamente en recuperar las matrículas, sino en fortalecer una profesión esencial para el desarrollo del país. Para lograrlo, necesitamos políticas sostenidas, formación de calidad y una sociedad que reconozca, valore y cuide a sus profesores y profesoras.
Dra. Carolina Aparicio Molina
Académica Facultad de Educación UCSC e investigadora del Centro Interdisciplinar de Investigación en Educación y Desarrollo (CIEDE) de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC)