Obesidad Infantil: un desafío urgente para la salud pública

Foto CGP USS (2)Dra. Carla Guzmán, Nutricionista y Doctora en Ciencias Médicas, Facultad de Ciencias de la Rehabilitación y Calidad de Vida USS Concepción.

La obesidad infantil ha alcanzado proporciones epidémicas en las últimas décadas, estableciéndose como una crisis de salud pública a nivel mundial. De acuerdo con los datos publicados en el informe sobre nutrición infantil 2025, titulado “Alimentando el negocio: Cómo los entornos alimentarios ponen en peligro el bienestar de la infancia”, del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), actualmente la obesidad afecta a 188 millones de niños, niñas y adolescentes, triplicando su incidencia desde el año 2000.

Chile se encuentra entre los países con mayor prevalencia de obesidad infantil, alcanzando un 27% entre los 5 y 19 años. Asimismo, figura entre los países con mayores tasas de sobrepeso infantil en Latinoamérica y ocupa el 6° lugar entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en prevalencia de obesidad en niños, niñas y adolescentes. Por otra parte, el Mapa Nutricional de la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas 2025 (JUNAEB), enmarcado dentro de la Estrategia Nacional para detener la aceleración del sobrepeso y la obesidad en la niñez y adolescencia 2023-2030, muestra como uno de sus principales hallazgos que el 51,7% de los estudiantes evaluados en malnutrición por exceso; es decir, sobrepeso, obesidad u obesidad severa. mientras que solo un 42,8% mantiene un estado nutricional normal.

Respecto a lo anterior, es importante destacar que la obesidad infantil es un fenómeno multifactorial que no puede explicarse únicamente por decisiones individuales, sino por las interacciones entre factores biológicos, conductuales y, particularmente, del entorno.

Los cambios en los patrones de alimentación, marcados por un mayor consumo de alimentos industrializados y ultra-procesados, de alta densidad energética y bajo valor nutricional, se han combinado con estilos de vida cada vez más sedentarios, donde el tiempo frente a pantallas ha desplazado la actividad física cotidiana. A esto se suma un entorno alimentario que favorece elecciones poco saludables, con amplia disponibilidad y bajo costo relativo. Además, las desigualdades socioeconómicas condicionan el acceso a alimentos frescos y a espacios seguros para la recreación, profundizando el riesgo en los grupos más vulnerables. En este escenario, la obesidad infantil emerge como el resultado de un sistema que, más que promover la salud, facilita la adopción de hábitos que la deterioran.

La intervención alimentario-nutricional en niños requiere un enfoque integral que involucre simultáneamente a la familia y al entorno escolar, ya que ambos determinan la adquisición y mantención de hábitos alimentarios. La evidencia muestra que las estrategias más efectivas son aquellas que combinan educación nutricional, cambios en la disponibilidad y calidad de los alimentos y el modelamiento de conductas saludables por parte de adultos significativos. En este sentido, fortalecer competencias en cuidadores, promover ambientes escolares saludables y empoderar a los niños, niñas y adolescentes en la toma de decisiones alimentarias resulta clave para prevenir la obesidad y favorecer un desarrollo saludable a lo largo del curso de vida.