Por Patrick Dungan Alvear, asesor Comex, ex seremi de Hacienda Gobierno de Piñera.
Estados Unidos llevó a cabo una operación militar y judicial sin precedentes en Venezuela que culminó con la captura del dictador Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores. El mundo se dividió en forma inmediata entre quienes aplaudieron la operación y aquellos que lo consideraron un atentado a la soberanía. En las principales ciudades del mundo donde vive la diáspora venezolana, la algarabía fue gigante, mientras en Venezuela, el silencio es inquietante, nadie se atrevió a celebrar por miedo a represalias y el escenario es preocupante, porque saben que se terminó la era de Maduro, pero el Chavismo sigue presente y el futuro de la nación Bolivariana es muy incierta.
Hay que entender el contexto de la situación, los Estados Unidos no podrían soportar un nuevo Afganistán o un Iraq, mientras se acercan las elecciones de medio tiempo y lo que no necesita Trump es enviar a norteamericanos a morir en tierras llaneras. En ese contexto, el gobierno de EE. UU permiten que la segunda a bordo, Delcy Rodriguez, asuma el poder en un periodo de transición, en el cual ella debe seguir administrando el país y con los Estados Unidos, mirando cada movimiento. Trump, apuesta por la experiencia de esta abogada que se fogueó administrando el gigante petrolero PDVSA, con resultados positivos y de esa forma ella y su hermano, se pueden salvar de consecuencias similares a su ex jefe. El mundo se pregunta la razón por la cual Trump tachó tan rápido a Corina Machado y a Edmundo González, la Casa Blanca ve a esta oposición muy blanda y que, si llegasen al poder, se podría llegar a una guerra civil, que es el peor escenario posible.
Hay que recordar que Maduro pudo mantenerse en el poder porque entregó a cada estamento de las Fuerzas Armadas un botín para cuidar, el petróleo, contrabando, oro, diamantes, empresas estatales, puertos y así cada rama estaba contenta y aliada al compañero Maduro. Este status quo no podría haberse mantenido con el presidente democráticamente elegido y la porción de la oposición venezolana, en el exilio, que no tiene redes, simpatía o vínculos con las fuerzas armadas.
La izquierda en Chile y en otros países de Latinoamérica, rasgan vestiduras en nombre del derecho internacional, la soberanía y nunca hicieron algo tangible para apoyar a Venezuela en el proceso de recuperar la democracia, incluso hicieron la vista gorda en pos de recibir petróleo gratis o recibir favores. El Presidente Trump, ya enfrenta una oposición en su país y en el mundo que pide explicaciones del accionar, pero alguien debía poner el freno a años de tiranía de parte de Maduro, que culminaron con destruir la economía de una nación que fue considerada como una de las más ricas de las Américas y que además culminó con una diáspora de casi 9 millones de personas. Los que deseen volver no lo podrán hacer tan rápido, deben esperar el curso de las acciones de la nueva administración, monitoreadas desde Washington y evaluar si las condiciones estarán dadas. Se calcula que entre 12 a 24 meses pueda durar el encadenamiento de las acciones para normalizar el retorno, si es que se da esa opción.
El nuevo escenario en Venezuela tiene muchas aristas, como son el manejo de los recursos, la sobrevivencia del Chavismo, la inmunidad militar y si existe la posibilidad de un pacto ampliado entre los diversos sectores. Todo está por verse y lo que importa son los venezolanos y aquellos que un día se tuvieron que marchar buscando un mejor futuro para ellos y su familia, todos se merecen una patria mejor, tal como lo soñó en el pasado Simón Bolívar.
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