Ultra delgadez, moda, redes sociales y salud mental vuelven al centro del debate con el auge del llamado “Ozempic chic”, un término que medios internacionales utilizan para describir el retorno de cuerpos extremadamente delgados como ideal aspiracional. Especialistas advierten que esta tendencia no es inocua y tiene profundas implicancias sociales, económicas y éticas, especialmente en mujeres y jóvenes.
Para Gabriela Beaumont, académica del Campus Creativo de la Universidad Andrés Bello, el regreso de la ultra delgadez “no puede leerse como un hecho aislado ni meramente estético, sino como el resultado de dinámicas sociales y culturales cíclicas”. En un contexto donde el estrés económico y la competitividad social se han intensificado, los cuerpos se transforman en “territorios de control simbólico”.
Este retorno del ideal de la ultra delgadez también ha sido visible en la cultura pop. La última temporada de Emily in Paris reactivó críticas en redes sociales y medios internacionales por la extrema delgadez de su protagonista, Lily Collins, y la forma en que la serie vuelve a instalar un canon corporal asociado al éxito, la moda y el estilo de vida aspiracional.
Aunque la producción no aborda explícitamente el tema, especialistas y audiencias han cuestionado que, en un contexto de mayor conciencia sobre diversidad corporal y salud mental, este tipo de representaciones sigan circulando sin problematización, reforzando estándares difíciles de alcanzar para el público joven.
Asimismo, Beaumont destaca el papel amplificador de plataformas como Instagram, TikTok o Pinterest, donde algoritmos favorecen imágenes “fáciles de consumir”, homogeneizadas y orientadas a un ideal estético preciso. “El auge de estéticas como el ‘heroin chic’ reversionado o el ‘clean girl look’ reinstala un canon corporal estrecho, muchas veces presentado como ‘natural’ o ‘saludable’”, explica.
Este fenómeno es global. Medios como The New York Times han documentado cómo la ultra delgadez ha recuperado protagonismo en las pasarelas internacionales y campañas que, bajo la apariencia de tendencias saludables, perpetúan ideales corporales extremos. En España, El País ha señalado que, aunque las marcas claman por una imagen “sana”, muchas imágenes publicitarias siguen mostrando cuerpos que están muy por debajo del peso medio de la población adulta.
Para Beaumont, el impacto de este retorno es especialmente preocupante entre mujeres y jóvenes: “en una etapa clave de construcción identitaria, el cuerpo se convierte en medida de valor personal”. Esto refuerza la comparación constante, debilita la autoestima y reactiva vínculos problemáticos con la alimentación y la autoimagen —efectos ya reportados por medios como ELLE y Harper’s Bazaar al analizar tendencias y riesgos asociados a ciertas estéticas corporales extremas.
El fenómeno no se limita a la cultura y la identidad. Tiene también un componente económico potente. En la industria de la moda, la estandarización de tallas asociadas a cuerpos delgados favorece procesos productivos más simples y menos costosos. “Los cuerpos normados facilitan la estandarización de tallas, reducen costos de moldería, optimizan tiempos de confección y simplifican las cadenas de suministro”, explica Beaumont.
Aunque en los últimos años ha existido un discurso creciente sobre inclusión en moda —incluyendo campañas con diversidad de cuerpos— muchas marcas han adoptado esta narrativa más como parte de estrategias de marketing que como cambios estructurales en sus procesos productivos. Esto genera una tensión entre el discurso de diversidad y la práctica real del sector: en pasarelas y prototipos, el modelo ultra delgado sigue siendo recurrente.
La académica no duda en enmarcar este fenómeno también como político. “La ultra delgadez es un fenómeno político porque regula los cuerpos, define quiénes son visibles, deseables y legítimos dentro del espacio social”. No es neutral: reproduce jerarquías de género, modelos productivos asociados a la juventud y un ideal de disciplina que muchas veces se traduce en exclusión y presión social.
Desde esta óptica, el diseño y la comunicación en moda no pueden desligarse de su responsabilidad social. “Diseñar es también tomar posición”, afirma Beaumont, y subraya que los medios, al seleccionar qué cuerpos mostrar —y cómo hacerlo—, participan en la construcción del sentido común visual.
Más allá de describir el fenómeno, la especialista propone una lectura crítica. “El retorno de la ultra delgadez no es una moda más: es un síntoma”, apunta. Frente a esto, la formación de diseñadores, comunicadores y consumidores con capacidades críticas se torna esencial: no solo para comprender las tendencias visuales, sino para cuestionarlas y transformarlas.
Este análisis cobra especial relevancia en un momento en que los debates globales sobre salud mental, diversidad corporal y responsabilidad cultural están en auge, y donde las nuevas generaciones están cada vez más expuestas a imágenes que, aunque estéticamente valoradas, pueden tener efectos psicológicos y sociales complejos.
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