Infaltables en plazas, playas y barrios del país, los perros comunitarios —aquellos animales sin un tutor único, pero cuidados por vecinos- requieren de especial atención en época de verano. Tal como ocurre con cualquier mascota, deben garantizarse sus condiciones de salud frente a las altas temperaturas, pero también estar alerta a su relación con transeúntes, el entorno, la fauna silvestre, entre otros aspectos, que es preciso vigilar.
La académica de Medicina Veterinaria de la Universidad Andrés Bello, Tania Junod, explica que la Ley 21.020 sobre Tenencia Responsable establece que los perros comunitarios deben estar registrados, microchipeados, esterilizados y con vacunas al día, y que la persona o grupo que los inscribe asume responsabilidades legales mínimas respecto de su bienestar.
Un aspecto clave es refugiarlos y cuidarlos frente a altas temperaturas, “que incrementan riesgos como golpes de calor, deshidratación, quemaduras y mayor exposición a enfermedades, especialmente en animales que viven gran parte del día a la intemperie”, advierte la médico veterinaria.
Junod enfatiza que “el bienestar de estos animales depende del compromiso colectivo y de medidas simples que mejoran su calidad de vida, protegen el entorno y fortalecen la convivencia”. Entre ellas, destaca la importancia de mantener agua fresca y sombra permanente, evitar las horas críticas de calor, controlar la reproducción y el estado sanitario, y organizar la supervisión vecinal para detectar signos de golpe de calor como jadeo excesivo, desorientación o salivación.
El impacto de los perros comunitarios no se limita a su salud. También influye en el equilibrio ecológico de parques, humedales, cerros y bordes costeros. “Entre los efectos más observados durante el verano están la persecución involuntaria de aves, especialmente en periodos de nidificación; la perturbación de fauna nativa, como lagartijas, roedores silvestres y pequeños reptiles, y la dispersión no intencional de basura”, explica la especialista. Por ello, se recomienda instalar puntos de descanso y sombra en sectores alejados de áreas sensibles y evitar alimentar a los perros cerca de vida silvestre.
Para ordenar esta convivencia, el Registro Nacional de Mascotas permite inscribir perros comunitarios de manera formal, otorgando respaldo legal y garantizando seguimiento sanitario. El proceso es gratuito y, una vez aprobado, el animal queda registrado con acceso a campañas municipales de vacunación y esterilización, lo que facilita su identificación en caso de traslado o accidentes.
Junod detalla que los perros comunitarios son parte de nuestra comunidad y su bienestar depende de la responsabilidad compartida. Porque convivir con ellos no solo implica cariño, sino también organización y conciencia ambiental.
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