María Paz Bertoglia
Epidemióloga Instituto de Salud Pública UNAB
La campaña de inmunización de invierno 2026 ya está en marcha en Chile y llega en un escenario conocido, pero no por eso menos exigente. Los virus respiratorios que marcarán la temporada son los mismos de años previos, el SARS-CoV-2, influenza y una serie de otros agentes que nunca desaparecen del todo, solo bajan su circulación en verano para volver con más fuerza cuando bajan las temperaturas, y las personas tendemos a pasar más tiempo en espacios cerrados con menor ventilación.
A estos se agregan el metaneumovirus, la parainfluenza y el virus respiratorio sincicial ( VRS), con impacto especialmente relevante en niños pequeños. Pero a diferencia de otros inviernos, hoy existen medidas preventivas eficaces, las vacunas contra COVID-19 e influenza reducen los cuadros graves y, en el caso del VRS, los anticuerpos monoclonales permiten proteger a los lactantes frente a infecciones severas o muerte.
El efecto de las vacunas no es inmediato, por lo que hacerlo con antelación y no cuando aumenten las hospitalizaciones puede marcar la diferencia. Tanto la vacuna contra la influenza como la del COVID-19 requieren cerca de dos semanas para generar una respuesta adecuada.
Además, estos virus ya están circulando. Los reportes del ISP muestran un alza en su detección, lo que refuerza la conveniencia de aprovechar ahora la campaña. Los vacunatorios públicos y los privados en convenio con las Seremis de Salud ofrecen vacunación gratuita para los grupos objetivo, que cambian según cada campaña y por eso requieren atención.
A esto se le suman otras vacunas no estacionales, pero de igual importancia, como la del neumococo en mayores de 65 años y la de coqueluche en embarazadas, que siguen siendo subutilizadas a pesar de su impacto en la prevención de cuadros graves.
Y, por último, la comunicación de riesgo no consiste solo en anunciar campañas, sino en explicar por qué, para quiénes y cuándo. Informarse, preguntar en los controles de salud y acudir oportunamente a vacunarse sigue siendo una de las decisiones más razonables para enfrentar el invierno sin repetir crisis evitables.