Señales de cierre, dudas de fondo

Felipe-Oelckers-6-2000x1333El Imacec de diciembre de 2025 sorprendió al mercado con un crecimiento de 1,7% interanual, según informó el Banco Central el pasado lunes. La cifra superó las expectativas más conservadoras (que rondaban el 1% o incluso menos) y confirmó un poco más de actividad en el cierre del año.

Más allá del dato puntual, el registro permite observar con mayor claridad cómo terminó comportándose la economía chilena al cierre del ejercicio. El avance no fue homogéneo ni estuvo exento de tensiones internas, pero sí marcó una diferencia respecto del tono de debilidad que predominó en buena parte del año. No se trata de un cambio de ciclo, sino de una señal de estabilización que, al menos, despeja los temores más inmediatos.

El motor principal de este mejor desempeño estuvo en las actividades vinculadas al consumo interno. Comercio y servicios mostraron un dinamismo relevante, compensando con holgura el retroceso de sectores más tradicionales. Esta composición resulta clave, ya que refleja una economía que encuentra sostén en la demanda doméstica más que en sus pilares históricos de producción.

En el otro extremo, la minería volvió a mostrar un comportamiento contractivo, profundizando una brecha que se ha vuelto recurrente. Factores operativos, mantenciones y menores rendimientos productivos siguen afectando su aporte, restando fuerza a un crecimiento que, de otro modo, habría sido más equilibrado. El resultado es una expansión apoyada en actividades de corto plazo, con menor capacidad de arrastre estructural.

Con este escenario, el balance anual deja una lectura ambivalente. El país evitó el estancamiento que muchos anticipaban en los momentos de mayor incertidumbre, pero tampoco logró consolidar una recuperación robusta. El avance económico fue moderado y, en términos prácticos, insuficiente para generar un impacto significativo en la vida cotidiana de las personas.

Ese es, probablemente, el elemento más relevante del análisis. La economía muestra mayor orden, menor volatilidad y ciertos signos de normalización, pero ese desempeño no se traduce automáticamente en mejoras tangibles para los hogares. El mercado laboral sigue ajustado, los ingresos continúan presionados y la sensación de estrechez persiste, a pesar de los indicadores más favorables.

La composición del crecimiento también abre interrogantes hacia adelante. El impulso del consumo y de los servicios puede sostener la actividad en el corto plazo, pero difícilmente bastará si no viene acompañado de una recuperación más decidida de la inversión. Sin nuevos proyectos, mayor productividad y señales claras de confianza, el margen de expansión seguirá siendo acotado.

Mirando hacia 2026, el desafío central será transformar esta base no minera en un crecimiento más sostenible y equilibrado. No se trata solo de mantener cifras positivas, sino de fortalecer los fundamentos que permitan una trayectoria más sólida en el tiempo. La pregunta no es si la economía crece, sino si ese crecimiento alcanza para responder a las expectativas sociales y económicas acumuladas.

El Imacec de diciembre deja, así, una conclusión clara: el año cerró mejor de lo previsto, pero aún lejos de lo necesario. Avanzar un poco más no equivale a avanzar mejor, y esa diferencia marcará el debate económico del próximo período.

Felipe Oelckers, director de Ingeniería Comercial Universidad Andrés Bello

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