Todas las mascotas son sensibles a las altas temperaturas y por lo tanto requieren de cuidados adicionales durante los días de calor. Sin embargo, existen algunas razas de perros que, por sus características físicas, sufren más que otras y enfrentan un mayor riesgo cuando las condiciones se vuelven extremas.
El aumento de temperatura ambiental no afecta a todos los perros por igual. Mientras algunas razas toleran mejor el calor, otras pueden verse seriamente comprometidas cuando el termómetro sube. Entre las más vulnerables están las llamadas razas braquicéfalas, que se reconocen por tener el hocico corto y la nariz achatada. Esta particularidad anatómica, que muchos consideran encantadora, es en realidad una desventaja cuando se trata de regular la temperatura corporal.
La académica Tania Junod, de Medicina Veterinaria en la Universidad Andrés Bello, explica que estas razas presentan vías respiratorias más estrechas, lo que limita su capacidad para enfriarse mediante el jadeo. Esta condición las expone a golpes de calor incluso en situaciones aparentemente inofensivas, como un paseo bajo el sol o un rato en el jardín sin sombra.
Estas razas presentan un conjunto de alteraciones conocido como síndrome braquicéfalo, que incluye narinas estrechas, paladar blando elongado y, en algunos casos, una tráquea más angosta. Esta conformación obliga al animal a jadear con mayor frecuencia para compensar la falta de flujo de aire, pero ese esfuerzo no siempre logra disipar el calor de forma eficaz.
¿Cuáles son las razas más afectadas?
Cuando la temperatura ambiental es alta y la humedad limita la evaporación, el mecanismo de enfriamiento resulta insuficiente y el riesgo de hipertermia aumenta de manera significativa. Por eso, bulldogs —tanto inglés como francés—, pugs, pequinés, shih tzu y boston terrier son ejemplos clásicos de razas que requieren cuidados extremos durante el verano.
En estos animales, el calor no solo provoca incomodidad, sino que puede desencadenar una emergencia médica en cuestión de minutos. El jadeo excesivo, la dificultad respiratorio y la fatiga intensa son señales de alarma que no deben ser ignoradas. El riesgo se incrementa aún más si el perro presenta sobrepeso, es muy joven o de edad avanzada (senior), o padece enfermedades respiratorias. En estos casos, la prevención no es opcional, es vital.
Para Junod, la clave está en la tenencia responsable y en comprender las limitaciones físicas de estas razas. En este sentido, no basta con ofrecer agua fresca, también es fundamental adaptar rutinas y entornos. “Evitar paseos en las horas de mayor calor, asegurar sombra y buena ventilación, y nunca dejar a un perro dentro de un vehículo son medidas que pueden salvar vidas”, señala.
La especialista UNAB advierte que un golpe de calor es una condición grave, capaz de provocar fallas orgánicas e incluso la muerte si no se actúa con rapidez. Por ello, la prevención es esencial, y ante la presencia de síntomas, se debe “trasladar al animal a un lugar fresco, humedecer zonas estratégicas con agua a temperatura ambiente y acudir al veterinario sin demora”.
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