Sin embargo, la inclusión no se limita a lo visible ni a las normas escritas. Existen realidades que no siempre se perciben a simple vista, como las dificultades de aprendizaje, condiciones del espectro autista sin rasgos evidentes, enfermedades crónicas, experiencias de trauma y especialmente, situaciones vinculadas a la salud mental, como la ansiedad o la depresión. Muchas de estas realidades siguen siendo estigmatizadas precisamente por no presentar una característica física o aparente que permita identificarlas con facilidad.
Hablar de salud mental con naturalidad, sin estigmas ni prejuicios, sigue siendo un desafío pendiente. Aún persisten resistencias, silencios y temores. Por eso, este día puede transformarse en una oportunidad para ampliar la conversación y recordar que la inclusión verdadera implica mirar con mayor profundidad, escuchar con mayor atención y actuar con mayor empatía.
No se trata solo de conmemorar una fecha, sino de seguir fortaleciendo la cultura institucional que valore la diversidad en todas sus formas, visibles y no visibles. Cada gesto de comprensión, cada ajuste oportuno, cada espacio de diálogo que promovamos impacta no solo en nuestra comunidad educativa, sino también en la sociedad que estamos ayudando a construir.
El desafío, entonces, no es solo celebrar los avances, sino profundizarlos. No basta con abrir las puertas de acceso, debemos también abrir miradas, derribar prejuicios y generar entornos donde las diversidades evidentes y no evidentes encuentren comprensión y apoyo.
Que este día no sea solo una conmemoración, sino un compromiso permanente para mirar más allá de lo evidente, escuchar antes de juzgar y actuar con la convicción de que la verdadera inclusión comienza cuando reconocemos la dignidad de cada persona, incluso en aquello que no siempre se ve.
Exequiel Coñoman Rojas
Docente líder de línea de inclusión, Escuela de Educación Instituto Iplacex.
En el Día de la Inclusión y la No Discriminación, es importante reconocer cuánto hemos avanzado como país y como sistema educativo. Hoy la educación superior también habla con mayor claridad de derechos, accesibilidad y equidad, y cada vez más instituciones amplían sus criterios de ingreso, eliminando barreras tradicionales como las pruebas de entrada excluyentes, promoviendo oportunidades reales para estudiantes con trayectorias educativas diversas. El hecho de que instituciones de nivel superior adopten modelos de acceso más abiertos, es una señal concreta de que estamos transitando hacia una educación más justa.
Sin embargo, la inclusión no se limita a lo visible ni a las normas escritas. Existen realidades que no siempre se perciben a simple vista, como las dificultades de aprendizaje, condiciones del espectro autista sin rasgos evidentes, enfermedades crónicas, experiencias de trauma y especialmente, situaciones vinculadas a la salud mental, como la ansiedad o la depresión. Muchas de estas realidades siguen siendo estigmatizadas precisamente por no presentar una característica física o aparente que permita identificarlas con facilidad.
Hablar de salud mental con naturalidad, sin estigmas ni prejuicios, sigue siendo un desafío pendiente. Aún persisten resistencias, silencios y temores. Por eso, este día puede transformarse en una oportunidad para ampliar la conversación y recordar que la inclusión verdadera implica mirar con mayor profundidad, escuchar con mayor atención y actuar con mayor empatía.
No se trata solo de conmemorar una fecha, sino de seguir fortaleciendo la cultura institucional que valore la diversidad en todas sus formas, visibles y no visibles. Cada gesto de comprensión, cada ajuste oportuno, cada espacio de diálogo que promovamos impacta no solo en nuestra comunidad educativa, sino también en la sociedad que estamos ayudando a construir.
El desafío, entonces, no es solo celebrar los avances, sino profundizarlos. No basta con abrir las puertas de acceso, debemos también abrir miradas, derribar prejuicios y generar entornos donde las diversidades evidentes y no evidentes encuentren comprensión y apoyo.
Que este día no sea solo una conmemoración, sino un compromiso permanente para mirar más allá de lo evidente, escuchar antes de juzgar y actuar con la convicción de que la verdadera inclusión comienza cuando reconocemos la dignidad de cada persona, incluso en aquello que no siempre se ve.
Exequiel Coñoman Rojas
Docente líder de línea de inclusión, Escuela de Educación Instituto Iplacex.
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