Cada verano, miles de jóvenes tienen su primer acercamiento al mundo laboral en trabajos estacionales. Más allá del ingreso, esta experiencia puede marcar diferencias profundas en la relación futura con el dinero, la deuda y el trabajo.
Para Carlos Montoya, educador financiero y académico del Campus Creativo UNAB, quienes trabajan desde jóvenes desarrollan habilidades clave que no se aprenden solo en la sala de clases. “Se nota la diferencia cuando alguien partió trabajando muy joven y cuando alguien postergó su ingreso al mercado laboral”, afirma.
A partir de su experiencia, estos son cinco consejos prácticos para que padres y madres acompañen la educación financiera de sus hijos en su primer empleo.
El primer empleo debería ser entendido como una experiencia formativa. “Mucha gente cree que protege a los jóvenes postergando su ingreso al mercado laboral, como si el trabajo fuera algo negativo”, advierte Montoya.
Acompañar este proceso implica apoyar trabajos seguros, decentes y guiados, que permitan aprender a relacionarse con jefaturas, compañeros y responsabilidades reales.
Recibir un sueldo cambia la percepción del dinero. “Los jóvenes comienzan a ser conscientes de lo que cuesta ganar cierta cantidad de plata por tantas horas de trabajo”, explica el académico.
Este es un buen momento para conversar en familia sobre decisiones de gasto y mostrar que cada compra implica tiempo y esfuerzo detrás.
Uno de los aprendizajes clave del primer trabajo es organizar los ingresos. “Debiesen comenzar a trabajar con un presupuesto, ser conscientes de cuáles son sus costos y gastos”, señala Montoya.
Los padres pueden ayudar a identificar gastos personales básicos —transporte, alimentación, ocio— y a planificar cómo distribuir el sueldo de forma responsable.
El monto no es lo más importante, sino el hábito. “Aunque un joven gane poco, ahorrar un 5 o 10 por ciento ya construye el hábito”, enfatiza.
Este aprendizaje temprano facilita que, en el futuro, cuando aumenten los ingresos, el ahorro sea una práctica natural y sostenida.
El primer trabajo también permite fortalecer el sentido de pertenencia familiar. “Hacerse responsable de ciertos gastos les permite sentirse parte del grupo, no solo receptores de beneficios”, explica Montoya.
Puede ser un gasto menor, como cubrir un costo personal o aportar en algo concreto del hogar, reforzando la responsabilidad y la autonomía.
Un aprendizaje que impacta a largo plazo
Según el experto, los jóvenes que trabajan temprano suelen desarrollar una relación más saludable con el dinero. “Probablemente tengan menores niveles de endeudamiento y una relación más responsable con el crédito”, señala.
Acompañar el primer trabajo no solo ayuda a administrar un sueldo: es una oportunidad clave para formar adultos más conscientes, responsables y preparados para enfrentar el mundo laboral y financiero.
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