La brecha más evidente es la falta de especialistas. No se trata solo de formar más oncólogos, sino de asegurar condiciones que permitan que permanezcan en la zona. Un profesional que trata cáncer necesita equipos funcionando, insumos disponibles, tecnología actualizada y un equipo humano entrenado. Cuando esos elementos faltan, el especialista no puede ejercer su labor; y cuando el especialista no está, los equipos quedan inutilizados. Ese desajuste, que podría resolverse con planificación anticipada, se repite hace años.
La Macrozona Norte enfrenta así una paradoja: concentra un riesgo mayor, pero recibe una respuesta más débil. El sistema perpetúa una inequidad que nace de determinantes sociales y ambientales que han afectado a estas comunidades por décadas. El Ministerio de Salud ha reconocido la brecha, pero la velocidad de las medidas no corresponde a la urgencia que viven los pacientes, que muchas veces deben viajar largas distancias para acceder a tratamientos básicos.
Tratar esta zona como prioridad no es solo una decisión sanitaria; es una decisión social. Mientras no exista un esfuerzo coordinado para alinear especialistas, equipos e incentivos, el norte seguirá enfrentando el cáncer con desventaja.
Dra. Cynthia Zavala
Directora Escuela de Medicina UNAB
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