- Las pausas y repeticiones son comunes durante la explosión léxica del desarrollo infantil.
- Se debe evitar terminar las frases del niño o pedirle que hable más lento para no aumentar su ansiedad.
- Se recomienda consultar a un especialista si hay tensión al hablar, antecedentes familiares o persistencia.
Las primeras palabras, frases y conversaciones de los niños suelen venir
acompañadas de pausas, repeticiones y pequeños tropiezos al hablar. Aunque
estas situaciones suelen generar preocupación en las familias, no siempre
son señal de un trastorno del habla. Según explica *Sandra Vásquez,
académica de Fonoaudiología de la Universidad Andrés Bello, sede Concepción*,
muchas de estas disfluencias forman parte del desarrollo de la comunicación
infantil.
“Las disfluencias pueden aparecer de manera natural cuando el niño está
adquiriendo el lenguaje, especialmente durante períodos de gran desarrollo
lingüístico, como lo que llamamos la explosión léxica. En esta etapa los
niños tienen muchas cosas que quieren expresar, pero sus habilidades
lingüísticas aún están en desarrollo”, señala la fonoaudióloga.
Por esta razón, agrega, es frecuente que repitan palabras, reformulen ideas
o hagan pausas mientras organizan lo que desean comunicar. “En muchos casos
estas dificultades disminuyen espontáneamente a medida que adquieren un
mayor dominio del lenguaje”, añade.
*Recomendaciones*
Sin embargo, la académica de la UNAB advierte que las familias deben evitar
ciertas conductas que, aunque bien intencionadas, pueden aumentar la
presión sobre el niño. “Es importante no terminar las palabras o frases que
el niño intenta decir, ni pedirle constantemente que se calme, que respire
o que hable más lento. Estas indicaciones pueden hacer que el niño perciba
su forma de hablar como algo negativo y aumentar su ansiedad al
comunicarse”, sostiene. Asimismo, recomienda favorecer espacios de
conversación tranquilos. “Lo más importante es darle tiempo, mantener
contacto visual, escuchar con calma y demostrar interés en lo que desea
comunicar, no en cómo lo está diciendo”, dice.
Respecto de cuándo buscar ayuda profesional, Vásquez señala que no es
necesario esperar a que las dificultades sean severas. “Siempre que exista
preocupación por parte de la familia es recomendable consultar. Una
evaluación temprana permite identificar factores de riesgo y orientar
adecuadamente a los padres”. Entre las señales de alerta destaca las
repeticiones frecuentes de sonidos o sílabas, los bloqueos al hablar, las
prolongaciones de sonidos y la presencia de tensión, frustración o
cansancio durante la comunicación. “También debemos considerar si existen
antecedentes familiares de tartamudez o si las disfluencias persisten en el
tiempo. Consultar tempranamente no significa que el niño vaya a desarrollar
una tartamudez permanente, sino que permite acompañar de mejor manera su
desarrollo comunicativo”, concluye.
