Puntos Clave de la Noticia:
- La estructura fue construida en los años 30 como un gran avance de modernidad sanitaria con capacidad para cuatro millones de litros.
- La obra de hormigón armado de 57 metros de altura destacó por tener un diseño similar a solo otra estructura existente en Estados Unidos.
- La torre sobrevivió al devastador terremoto de 1960 y hoy se mantiene como un símbolo arquitectónico y patrimonial de Valdivia.
Forma parte del paisaje cotidiano de la ciudad, pero cuando fue construida,
la Copa de Agua de avenida Picarte representó una verdadera demostración de
modernidad. Con una capacidad de cuatro millones de litros, este enorme
estanque elevado de hormigón armado fue concebido para asegurar el
almacenamiento y la distribución de agua potable en una ciudad que
comenzaba a transformar su infraestructura sanitaria.
Una imagen publicada en el “Álbum Biográfico de Valdivia” de Alfredo
Vigueras y Nicolás Barría Editores (1941), y recientemente difundida por
Aguas Décima, permite conocer cómo era presentada esta obra a sus
contemporáneos.
El texto que acompaña la imagen la define como un “estanque elevado de
cuatro millones de litros” y destaca su construcción como una “atrevida”
obra de ingeniería, agregando que solo existía una estructura similar en
Estados Unidos.
Levantada en el sector de Picarte, la copa alcanzó aproximadamente 57
metros de altura, permitiendo almacenar agua a una cota suficiente para
favorecer su distribución por gravedad y mantener la presión de la red. Su
imponente volumen de hormigón convirtió además a la infraestructura
sanitaria en un elemento reconocible del paisaje urbano.
Su resistencia quedó puesta a prueba décadas después. La estructura
sobrevivió al terremoto de 1960, uno de los mayores eventos sísmicos
registrados en la historia, y continúa prestando servicio hasta hoy.
La descripción, a juicio del historiador Rodrigo Araya Gomez, resulta
reveladora: “para la Valdivia de los años 30, aquella gigantesca estructura
no era simplemente parte de una red sanitaria, sino una expresión visible
del progreso tecnológico”.
“La antigua fotografía permite, en definitiva, mirar la Copa de Picarte con
otros ojos, con un valor que trasciende su objetivo operacional y que da
cuenta de una percepción clara de asombro ante el acelerado avance del
progreso y de la capacidad local que había para ser parte de ese avance”,
añade Araya.
“Hace casi 90 años, los habitantes de Valdivia podían contemplar aquella
enorme torre de hormigón como un símbolo de una ciudad que ingresaba a la
modernidad sanitaria, constituyendo un avance que fue en beneficio de la
comunidad, en un claro ejemplo también de la relevancia de la alianza
público-privada en el proceso de desarrollo. Hoy, su presencia recuerda que
algunas de las obras más importantes de una ciudad no fueron concebidas
para ser monumentos, pero terminaron convirtiéndose en parte de su
memoria”, concluye el historiador.
