- Trabajo de nuestro DGL publicado en 1996 describió cinco eventos similares en el siglo XX, siendo los más severos aquellos de 1940 y 1991.
- Gracias a la tecnología y el conocimiento geológico de base, hoy es posible modelar estos eventos con mayor precisión.
Hoy se cumple el 35° aniversario del aluvión de Antofagasta (1991). En 1996, cinco años después de este evento, nuestro académico Gabriel Easton Vargas (en ese entonces estudiante de magíster), realizó un exhaustivo análisis de la geomorfología y geología cuaternaria de la franja costera de Antofagasta para determinar el peligro asociado a la ocurrencia de aluviones en esta zona del país.
Titulado “Evidencias de cambios climáticos ocurridos durante el Cuaternario en la zona de Antofagasta”, el trabajo identifica siete eventos de inundaciones y cinco aluviones (1930, 1940, 1982, 1987 y 1991), todos los cuales fueron asociados al fenómeno de El Niño/Oscilación del Sur, con sistemas frontales provenientes desde latitudes medias a altas en el Océano Pacífico, con un anticiclón subtropical debilitado y concomitantemente con anomalías positivas de temperaturas superficiales del mar en el océano tropical-intertropical.
De estos cinco aluviones, los más importantes fueron aquellos de 1940 y 1991.
Esta tesis se realizó bajo la guía del Dr. Luc Ortlieb (Institut de Recherche pour le Développement, IRD, Francia), geólogo cuaternarista francés que contribuyó con investigaciones pioneras en Chile, Perú y México, y dio paso a un nuevo trabajo publicado en el año 2000, donde este evento queda claramente vinculado al fenómeno de El Niño.
Las investigaciones aprovechan los registros paleoclimáticos de la zona para establecer que las condiciones climáticas de la costa de Antofagasta, con lluvias torrenciales asociadas a eventos El Niño, se establecieron durante el Holoceno, hace unos 5.500-5.300 años. Un paper posterior, publicado en 2006, profundiza en estos hallazgos.
Todos estos estudios fueron desarrollados en el marco de una fructífera colaboración del Departamento de Geología UCHILE con el IRD, a partir de los años noventa. Además del profesor Ortlieb, es importante mencionar el aporte de José A. Rutllant, del Departamento de Geofísica UCHILE.
“Estos son importantes trabajos que combinan geología, meteorología y climatología, y que han contribuido a la comprensión de la amenaza de aluviones y a la planificación urbana de la región”, dice el profesor Easton.
Estudios recientes sugieren que la relación entre la ocurrencia de lluvias torrenciales y el fenómeno El Niño podría estar modificándose, tal como queda de manifiesto en un documento publicado el año pasado.
¿Cuánto hemos avanzado?
En la actualidad, las zonas propensas a sufrir aluviones se estudian desde diferentes dimensiones. Los geólogos, por ejemplo, son capaces de estimar el curso de aluviones pasados y futuros mediante la observación de depósitos sedimentarios, mientras que los geofísicos e hidrólogos pueden establecer periodos de recurrencia de precipitaciones mediante estudios climáticos.
La combinación de ambas disciplinas permite generar modelos de comportamiento de una quebrada o una ladera frente a eventos climáticos extremos, lo cual es sumamente útil para las autoridades públicas encargadas de la prevención.
Dado el gran volumen de datos y el avance tecnológico en los últimos años, “al día de hoy tenemos a disposición herramientas numéricas y computacionales para elaborar estos modelos”, agrega Marisol Lara, académica del Departamento de Geología especializada en Geología Aplicada.
Actualmente, los estudios de aluviones incorporan modelamientos computacionales que integran las variables geológicas y meteorológicas en la ecuación.
De todas maneras, es importante señalar que la modelación de eventos climáticos es cada día más compleja. “Es muy difícil establecer actualmente periodos de recurrencia porque el clima es muy diferente a como era en el pasado”, señala Lara.
Ante esto, “la cartografía geomorfológica y la comprensión de la dinámica pasada de las quebradas y sistemas morfo-sedimentarios, a través del registro geológico, seguirá siendo una base fundamental para cualquier estudio de peligro en esta materia”, finaliza el profesor Easton.