Aprobar para volver a crecer

Por Francisco Farías.

Chile necesita certezas. Así de simple.

Y lo digo desde el inicio, porque a veces en política se le da demasiada vuelta a cosas que son bastante evidentes: sin inversión no hay crecimiento, sin crecimiento no hay empleo, y sin empleo no hay una mejor vida para las personas. Todo lo demás, al final, son discursos bonitos, pero discursos al fin y al cabo.

Hoy día Chile está en una situación complicada. No destruido, no quebrado, no al borde del abismo, pero sí frenado. Con cautela. Con empresarios esperando. Con pymes aguantando como pueden. Con familias que ven que el sueldo no alcanza como antes y con mucha gente que quiere trabajar, pero no encuentra una oportunidad formal y estable.

Ese es el punto de fondo detrás de la llamada Ley Quiroz, Ley de Reconstrucción, reforma tributaria, reforma pro inversión o como quieran llamarla. El nombre da un poco lo mismo. Lo importante es lo que busca: devolverle a Chile algo que hemos ido perdiendo peligrosamente, que es la certeza.

Porque seamos claros: nadie invierte a largo plazo en un país donde las reglas cambian cada cuatro años. Nadie pone millones de dólares, compra terrenos, contrata trabajadores, levanta edificios o desarrolla proyectos grandes si no sabe qué impuestos va a pagar mañana, qué permisos le van a exigir pasado mañana o si después le van a cambiar completamente las condiciones.

La inversión necesita confianza. Y esa confianza no se decreta, se construye.

Por eso esta reforma debe aprobarse.

No porque sea perfecta. No lo es. Ninguna ley lo es. Tampoco porque vaya a solucionar todos los problemas de Chile de un día para otro, porque eso sería vender humo. Pero sí porque apunta en la dirección correcta: dar estabilidad, dar señales, decirle al mundo privado que Chile vuelve a tomarse en serio el crecimiento.

Y eso, aunque algunos no quieran decirlo, es fundamental.

La invariabilidad tributaria por 25 años para proyectos importantes no es un regalo. Es una señal. Es decirle a quien quiere invertir en Chile: “mire, si usted arriesga su capital, si desarrolla un proyecto, si genera empleo y mueve la economía, el país le va a respetar ciertas reglas básicas”. Eso es sentido común. No ideología.

Porque el capital, nos guste o no, compara. Compara Chile con Perú, con Colombia, con Estados Unidos, con Europa, con cualquier lugar donde pueda poner su plata con mayor seguridad. Y si Chile no entrega certezas, esas inversiones se postergan, se achican o simplemente se hacen en otra parte. Así funciona el mundo real.

Y cuando una inversión no se hace, no sufre solamente el empresario. Sufre el trabajador que no fue contratado. Sufre la pyme que no vendió. Sufre el transportista, el proveedor, el maestro de la construcción, el comercio local, la comuna completa.

Eso es lo que a veces se olvida en el Congreso.

La construcción, por ejemplo, está golpeada hace rato. Y cuando la construcción se frena, se frena una cadena enorme. No es solo una inmobiliaria que vende menos departamentos. Es empleo, materiales, servicios, arquitectura, ingeniería, transporte, comercio, barrios, vivienda. Es economía real, no teoría.

Por eso medidas como eliminar transitoriamente el IVA a viviendas nuevas o incentivar la compra de stock disponible pueden ayudar a mover un sector que necesita aire. Y rápido. Porque mientras más se demora el Congreso en actuar, más proyectos se congelan y más familias quedan esperando.

Lo mismo pasa con la rebaja gradual del impuesto de primera categoría. Algunos lo presentan como si bajar impuestos a las empresas fuera un pecado. Pero la verdad es otra: si queremos que las empresas inviertan, contraten y crezcan, no podemos tratarlas siempre como sospechosas. La empresa que cumple, que paga impuestos, que da trabajo y que apuesta por Chile merece reglas razonables.

No se trata de defender abusos. Nadie está diciendo eso. Se trata de defender la inversión, el empleo y el crecimiento. Que son cosas distintas, y bastante más importantes.

También hay que decirlo: la responsabilidad fiscal importa. Claro que importa. Chile no puede gastar sin mirar las cuentas. Pero tampoco podemos usar la responsabilidad fiscal como excusa para dejar al país paralizado. Una economía que no crece termina recaudando menos, generando menos empleo y necesitando más ayuda del Estado. Entonces, la mejor política social, aunque suene antiguo decirlo, sigue siendo el crecimiento.

Un país que crece puede financiar mejores pensiones, mejores hospitales, mejores colegios y mejores oportunidades. Un país estancado solo reparte frustración.

Por eso esta votación no debiera mirarse como un gallito entre gobierno y oposición. Aprobar esta reforma no es hacerle un favor a un ministro, ni a un sector político, ni a un grupo empresarial. Es hacer lo correcto para Chile.

Los parlamentarios tienen que entender que el país está mirando. Las regiones están mirando. Las pymes están mirando. Los trabajadores están mirando. Y también están mirando quienes podrían invertir, pero todavía dudan. Esa es la realidad.

Chile no puede seguir atrapado en la sospecha permanente contra el que produce. No podemos seguir con la idea de que todo empresario es un enemigo, que toda utilidad es abuso y que toda inversión debe mirarse con desconfianza. Ese discurso nos ha hecho daño. Mucho daño.

Necesitamos volver a valorar al que emprende, al que contrata, al que arriesga, al que invierte y al que crea oportunidades. Porque al final, son esas oportunidades las que le cambian la vida a la gente.

Sebastián Piñera hablaba de una vida más plena y más feliz. Y detrás de esa frase había una idea bien concreta: las personas viven mejor cuando tienen trabajo, cuando tienen estabilidad, cuando pueden comprarse una casa, cuando pueden proyectar su futuro, cuando no están todo el día dependiendo de bonos o de promesas del Estado.

Eso es lo que está en juego.

No una ley más. No una discusión técnica más. Está en juego si Chile quiere volver a crecer o si quiere seguir administrando la mediocridad.

A los parlamentarios hay que pedirles responsabilidad. Pero responsabilidad de verdad. No la responsabilidad de quedar bien en redes sociales, sino la responsabilidad de pensar en el país completo. En los que tienen trabajo y en los que no. En los que invierten y en los que necesitan que alguien invierta para poder trabajar.

Chile necesita recuperar confianza. Necesita recuperar dinamismo. Necesita volver a ser un país donde se pueda emprender sin miedo, invertir con reglas claras y crecer con fuerza.

Por eso, hoy día, aprobar esta reforma es lo correcto.

Porque sin inversión no hay empleo. Sin empleo no hay progreso. Y sin progreso, la vida de los chilenos se vuelve más difícil, más estrecha y menos feliz.

Chile tiene que volver a crecer. Y para eso, hay que dar certezas.

The post Aprobar para volver a crecer appeared first on Araucanía Noticias Temuco.