En el corazón de Temuco, la Feria Pinto mantiene intacto su carácter de punto de encuentro entre el campo y la ciudad. Ubicada en la avenida Francisco Antonio Pinto, este tradicional mercado no solo abastece a miles de familias cada semana, sino que también conserva una identidad propia forjada por generaciones de comerciantes.
Su historia comenzó a consolidarse con la llegada del ferrocarril en 1892, cuando el sector se transformó en un espacio natural para el intercambio de productos agrícolas. Décadas después, la feria sigue siendo uno de los motores comerciales más importantes de la capital regional. En tiempos marcados por el alza del costo de la vida y la incertidumbre económica, muchos vecinos vuelven a mirar este lugar como una alternativa conveniente, cercana y confiable.
Frutas y verduras frescas, directo a la mesa
Paola Salas lleva 42 años trabajando en la feria y conoce cada cambio de temporada, cada preferencia del cliente y cada detalle del rubro hortofrutícola.
“Ahora estamos entrando en una etapa donde empiezan a llegar con más fuerza las verduras del norte, porque las de la zona ya van terminando. En esta época viene bueno el repollo, la coliflor, el brócoli, el apio y varias otras verduras. En frutas también cambia todo el año: se va acabando la uva y empiezan a aparecer más la manzana, la pera, el kiwi y el pepino dulce”, explica.
Pero para ella no solo importa la variedad, sino también la calidad. “Aquí tenemos productos frescos de verdad. En otros lugares muchas veces pasan tiempo guardados, acá no. Además, la feria está más segura, hay cámaras, inspectores y vigilancia. La gente puede venir tranquila y comprar con confianza”.
Una visión similar tiene Juan Matamala, quien lleva cerca de 40 años en el rubro.
“Tenemos muy buenas frutas y verduras. La zanahoria es de la zona, la lechuga también, y otras cosas llegan de la zona central, como el zapallo, el morrón, la cebolla, los ajos o los limones. Lo importante es que todo llega fresco y con buena calidad. La gente puede venir con seguridad y encontrar buenos precios”, señala.
Flores con historia y sentido
La Feria Pinto también tiene espacios donde la compra se vuelve un gesto emocional. Es el caso del rubro florista, representado por Jeannette Escobar, quien proviene de una familia dedicada a las flores y suma más de 30 años en el lugar.
“Siempre le digo a la gente que no pregunte solo en un puesto. Aquí hay muchos locales, distintos arreglos, diferentes calidades y precios. Hay que recorrer, mirar y comparar. Además, así también se ayuda a otras familias que viven de esto”, comenta.
Sobre las preferencias del público, explica que no existe una flor perfecta universal. “Todo depende del sentimiento. No hay una flor específica para regalar. Si viene el Día de la Madre, por ejemplo, uno busca el ramo más bonito pensando en esa persona. Lo importante no es solo la flor, sino la intención con que se entrega”.
El valor de conversar con el cliente
Gabriel Rocha, dedicado al rubro del tomate y la palta, lleva unos 40 años trabajando en la feria. Para él, la experiencia va mucho más allá de vender.
“A mí me gusta trabajar aquí porque uno es libre. Conversa con la gente, se ríe, escucha historias. Hay clientes que cuentan sus alegrías, otros sus problemas, algunos enfermedades, otros que les fue bien y compraron una casa o un auto. Uno comparte con la gente y eso también es parte linda de este trabajo”, relata.
En cuanto a sus productos, destaca cómo ha cambiado el abastecimiento con los años. “Antes el tomate y la palta tenían temporada clara. Se trabajaba desde octubre hasta marzo más o menos, y después se acababa. Hoy eso cambió porque hay producción en otras zonas como Arica, entonces tenemos tomate prácticamente todo el año. Gracias a eso ahora se puede trabajar de forma más estable”.
Esfuerzo diario en el rubro pesquero
En la zona de pescados y mariscos, el trabajo comienza de madrugada. Así lo cuenta Noemí Figueroa, quien administra el puesto heredado por su padre junto a su hermana.
“Nosotras seguimos con el puesto familiar porque mi papá ya está mayor. Nos turnamos durante la semana, pero esto es trabajo de lunes a lunes. Aquí ganas lo que trabajas”, afirma.
También explica que detrás de cada venta hay mucho sacrificio. “Esto es artesanal. Nadie nos trae la mercadería al puesto. Tenemos que ir a buscarla temprano, movernos, competir para conseguir buenos productos. Por eso siempre hacemos el llamado a que la gente venga a comprar, porque detrás de esto hay familias completas viviendo del esfuerzo”.
Sobre los precios, destaca que actualmente hay oportunidades convenientes. “Después de Semana Santa la merluza bajó bastante, cerca de cuatro mil pesos. Entonces es buen momento para venir”.
Quesos para todos los gustos
Rubén Viveros ha pasado toda una vida ligado al comercio y hoy reconoce que la competencia ha aumentado, aunque mantiene la confianza en la feria.
“Antes era distinto, había más movimiento y se notaban más los resultados. Hoy cuesta más, hay mucha competencia dentro y fuera de la feria, pero seguimos trabajando”, comenta.
En su puesto ofrece una amplia variedad de quesos de distintas zonas del sur de Chile. “Tengo queso de la zona, de Valdivia, de Osorno y de otros lugares. Aquí el cliente encuentra lo que busca. Hay queso suave, fuerte, intenso, mantecoso, con especias. Lo importante es saber qué le gusta y aquí siempre habrá opciones”.
Además, destaca que el mercado se ha modernizado. “Ahora varios puestos aceptamos tarjeta, eso ayuda mucho”.
Carnes frescas y precios que resisten
Enrique Bustos lleva más de 20 años en la carnicería de la feria y recuerda épocas de mayor flujo, aunque insiste en que el valor del lugar sigue vigente.
“Antes esto estaba lleno siempre, era un boom de gente. Después aparecieron los supermercados y cambió bastante. Pero la gente sigue viniendo porque sabe que aquí encuentra calidad”, sostiene.
En su rubro, asegura que el estándar se mantiene. “Trabajamos con carnes nacionales, frescas y al gusto del cliente. Se corta como la persona lo necesita”.
Además, subraya el esfuerzo por no trasladar toda la presión económica al consumidor. “No hemos subido los precios pese a la inflación, para ayudar en algo a la gente. Queremos que siga siendo una opción accesible”.
Mucho más que un mercado
La Feria Pinto fue incorporada en 2014 a la Ruta Patrimonial Huellas de Pablo Neruda, reflejando su relevancia histórica para la ciudad. Sin embargo, su verdadero valor sigue estando en lo cotidiano: en las manos que ordenan frutas al amanecer, en quienes descargan pescado antes que salga el sol, en quienes arman ramos o cortan queso esperando al cliente de siempre.
En tiempos complejos para la economía familiar, la feria vuelve a demostrar por qué sigue siendo indispensable para Temuco: variedad, precios competitivos, productos frescos y un trato humano que difícilmente se encuentra en otro lugar.




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