
Dr. Felipe Torres Rojas, investigador Facultad de Ingeniería USS Concepción.
Cada día, millones de litros de agua desaparecen bajo nuestras ciudades a través de la ducha, lavamanos, lavadora e inodoro. En cuestión de minutos, esa corriente doméstica inicia un recorrido silencioso por el alcantarillado y plantas de tratamiento antes de terminar en el mar. Durante más de un siglo, el saneamiento urbano ha seguido una lógica unidireccional de utilizar el agua, remover sus contaminantes y devolverla al ambiente en condiciones sanitarias aceptables.
Este modelo permitió avances fundamentales en salud pública con el propósito de reducir las enfermedades de origen hídrico y mejorar la calidad de los ecosistemas urbanos. De este modo, el saneamiento urbano se convirtió en uno de los grandes logros de la ingeniería del siglo XX. Sin embargo, en pleno siglo XXI esta visión comienza a mostrar sus límites frente a desafíos como el cambio climático y el crecimiento urbano. En ese contexto, el Día Mundial del Agua, establecido por Naciones Unidas en 1993, invita a reflexionar sobre los desafíos de una gestión hídrica más sostenible.
Chile constituye un caso interesante en esta discusión, ya que ha logrado consolidar uno de los sistemas de tratamiento de aguas residuales más avanzados de América Latina. Según datos de la Superintendencia de Servicios Sanitarios, la cobertura urbana de tratamiento de aguas servidas se aproxima al 100%. Además, este país ha comenzado a dar algunos pasos sobre reutilización de aguas grises con la Ley 21.075. Esta regulación permite aprovechar aguas provenientes de duchas, lavamanos o lavaderos para usos como riego o limpieza. Aunque esta normativa representa un avance importante, aún existe un amplio espacio para explorar estrategias más integrales de valorización de los recursos presentes en las aguas residuales. En ese contexto, algunas investigaciones han comenzado a discutir la posibilidad de separar la orina desde su origen, antes de que se mezcle en el sistema de alcantarillado. Esta estrategia, que ya se estudia en diversos países, podría facilitar la recuperación de nutrientes y mejorar la eficiencia de tecnologías emergentes orientadas a la valorización de recursos.
En los últimos años, la ciencia ha comenzado a desarrollar tecnologías bajo esta nueva manera de gestionar el tratamiento de aguas residuales, siendo una ellas los sistemas bioelectroquímicos. Estas tecnologías aprovechan la capacidad de ciertos microorganismos para transferir electrones hacia superficies conductoras mientras degradan materia orgánica. Gracias a este proceso, parte de la energía química puede transformarse en corriente eléctrica que facilita la recuperación de recursos.
En esta convergencia de nuevas tecnologías con posibles transformaciones del saneamiento urbano comienzan a surgir preguntas relevantes. Entre ellas, la posibilidad de avanzar hacia esquemas de separación de corrientes, incluyendo la gestión diferenciada de las fracciones fecales y su potencial valorización futura. Estas discusiones también plantean un desafío para Chile considerando aspectos regulatorios, tecnológicos y culturales. En ese sentido, el Día Mundial del Agua invita precisamente a reflexionar sobre este cambio de paradigma. El desafío ya no consiste solo en buscar nuevas fuentes de agua, sino también en aprender a reconocer el valor que durante décadas hemos dejado fluir bajo nuestras ciudades.