Adaptación escolar respetuosa

María Alejandra Faúndez, Psicóloga, Diploma en Habilidades Laborales UNAB, Viña del Mar.

Cada inicio de año escolar nos recuerda que la adaptación no depende solo del niño, sino del entorno que lo recibe. En el caso de estudiantes neurodivergentes que llegan a un nuevo colegio, la diferencia entre una transición estresante y una experiencia cuidada suele estar en dos elementos: apoyos oportunos y coordinación adulta.

Anticipar el ingreso con visitas previas, explicar horarios y normas con claridad —idealmente con apoyos visuales— y acordar a qué adultos acudir en caso de necesidad reduce la incertidumbre y favorece la seguridad. Del mismo modo, validar emociones como miedo o ansiedad no “debilita”; por el contrario, habilita la autorregulación y fortalece el vínculo.

Los ajustes razonables no son concesiones; son condiciones de acceso. Adaptar instrucciones paso a paso, flexibilizar tiempos de evaluación, considerar formatos alternativos y permitir el uso de apoyos sensoriales son medidas que promueven la participación en igualdad. Reforzar los micrologros —pedir ayuda, permanecer en sala, participar— sostiene la motivación y reconoce el esfuerzo real que implica adaptarse a un contexto nuevo.

Nada de esto prospera sin diálogo entre familia, colegio y especialistas. La coordinación define criterios comunes y previene desregulaciones que podrían evitarse con planes simples, conocidos por todos.

Una escuela que se adapta enseña, con el ejemplo, que la inclusión es una práctica cotidiana y un derecho, no una excepción. Así, no solo se beneficia el estudiante que requiere apoyos, sino toda la comunidad que aprende a convivir cuidando la diversidad.

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