5 consejos claves para que un niño neurodivergente se adapte de la mejor manera a un colegio nuevo

Comenzar en un colegio nuevo es un hito que tensiona a cualquier familia. En el caso de niños y niñas neurodivergentes, el acompañamiento oportuno y ajustado a sus necesidades puede marcar la diferencia entre una transición estresante y un proceso progresivo y seguro. “La adaptación no es una línea recta; tiene avances y retrocesos. Lo esencial es ofrecer certezas, contención y ajustes razonables”, señala María Alejandra Faúndez, psicóloga del Diploma de Habilidades Laborales de la U. Andrés Bello, sede Viña del Mar.

La profesional detalla 5 consejos claves para ayudar a los escolares neurodivergentes adaptarse a este nuevo desafío:

1) Anticipar y preparar el cambio: Informar con tiempo el ingreso, visitar el establecimiento antes del primer día y recorrer espacios clave —sala, patio, baños— reduce la incertidumbre. Practicar rutinas como entrada, salida y colación también ayuda. “La anticipación baja la ansiedad porque convierte lo desconocido en predecible”, explica Faúndez.

2) Validar y nombrar las emociones: Miedo, nerviosismo o inseguridad son reacciones esperables frente a situaciones nuevas. Escuchar activamente, validar y poner nombre a lo que ocurre favorece la autorregulación y comprensión de lo que se esta sintiendo. “Decir ‘entiendo que te sientas así, es normal, estoy aquí para apoyarte‘ ’ entrega calma, seguridad y pertenencia”, agrega la psicóloga. Evite minimizar (“no es para tanto”) y prefiera frases que reconozcan el proceso y compañía”, dice.

3) Entregar certezas concretas: Horarios, duración de clases, recreos y normas deben explicarse con claridad y, cuando sea posible, apoyarse con recursos visuales (pictogramas, calendarios). Identificar a los adultos referentes (profesor jefe, inspectoría, dupla psicosocial) y dónde encontrarlos aumenta la seguridad. “Saber a quién acudir protege emocionalmente”, enfatiza Faúndez.

4) Ajustes razonables (académicos y sensoriales): Las familias pueden solicitar apoyos que permitan participar en igualdad de condiciones: instrucciones desglosadas paso a paso, uso de apoyos visuales, mediación en tareas, adaptaciones en evaluaciones (formato oral/escrito, extensión y tiempos), ubicación fija con menos distractores. “Los ajustes no bajan la exigencia: habilitan el acceso”, dice la experta. En lo sensorial, pueden acordarse pausas breves fuera de sala y el uso de objetos de autorregulación (pelota antiestrés, masa, audífonos), definidas en conjunto con el colegio.

5) Reforzar logros cotidianos y ser flexibles: Pedir ayuda, permanecer en la sala o participar en una actividad son avances que conviene reconocer explícitamente. “Valorar los micrologros fortalece el sentido de competencia y motiva a seguir intentando”, afirma Faúndez. La flexibilidad es clave: respetar el ritmo del niño y ajustar apoyos cuando aparezcan señales de desregulación.

Tríada que sostiene: familia–colegio–especialistas

Una comunicación fluida y planificada entre padres, docentes y profesionales externos permite anticipar dificultades y alinear respuestas. Establecer criterios de abordaje comunes para la casa, la sala y los espacios terapéuticos previene picos de estrés. “Cuando los adultos se coordinan, el niño percibe consistencia y eso sostiene la carga emocional del cambio”, puntualiza la profesional.

La inclusión no es un favor, es un enfoque de derechos que busca eliminar barreras de acceso, participación y aprendizaje. Acompañar la transición escolar con los apoyos adecuados beneficia a toda la comunidad: promueve una cultura de respeto, empatía y valoración de la diversidad. “No se trata de que el niño se adapte sin los apoyos necesarios, sino de adaptar el contexto para que su participación sea posible y significativa”, concluye la psicóloga del Diploma en Habilidades Laborales UNAB.

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