Por muchos años en Chile el cuidado ha sostenido la vida sin recibir el lugar que merece. Ha estado presente en cada hogar donde alguien acompaña a una persona mayor, apoya a un familiar con discapacidad, contiene a quien enfrenta una dependencia o simplemente hace posible la rutina diaria. Pero ese trabajo —imprescindible— ha sido históricamente invisibilizado y subestimado, realizado principalmente por las familias y, dentro de ellas, por mujeres.
Hoy esa realidad es más urgente que nunca. Vivimos más años, la población envejece aceleradamente, baja la tasa de fertilidad y cambian las estructuras familiares, mientras más mujeres se incorporan al mercado laboral. El resultado es lo que se conoce como “crisis de los cuidados”: aumenta la demanda y disminuye la disponibilidad de personas para asumir esa tarea en soledad. Y ante una urgencia social de esta magnitud, el país no puede seguir respondiendo solo con sacrificio individual.
Por eso, la promulgación de la Ley que crea el Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados, Chile Cuida, es un paso histórico y, sobre todo, una definición de justicia. Es también una política de gobierno impulsada por el Presidente Gabriel Boric: una apuesta estructural por reconocer un derecho y construir una red pública que sostenga la vida cotidiana. La ley reconoce el derecho a cuidar, a ser cuidado y al autocuidado, y establece deberes concretos del Estado para avanzar, de manera gradual y progresiva, hacia una oferta adecuada, necesaria y suficiente de apoyos para las labores de cuidado.
Este cambio de enfoque importa porque ordena lo que por años estuvo fragmentado. El sistema coordina instituciones, programas y acciones; conecta al Estado con familias, comunidades y también con privados; y permite planificar y supervisar servicios, evaluar lo que funciona y mejorar lo que no. En términos simples: el cuidado deja de depender del azar, del bolsillo o de la red familiar disponible; empieza a construirse como un estándar de dignidad.
En la Región de Coquimbo, esta política se entiende mejor cuando se mira lo concreto. Hoy contamos con cinco Centros Comunitarios de Cuidados en funcionamiento: Illapel, Vicuña, Monte Patria, La Serena y Coquimbo. Están próximos a su inauguración los centros de Paihuano y Los Vilos, y en Ovalle el recinto se encuentra en construcción. Con estas obras, Chile Cuida se consolida con presencia en 8 de las 15 comunas de nuestra región. Y eso es clave, porque el cuidado no ocurre en abstracto: ocurre en el barrio, en el campo, en la población, en la casa donde alguien lleva años postergando su descanso, su salud mental o su trabajo.
Los Centros Comunitarios de Cuidados son una expresión nítida del cambio: acercan apoyo, orientación y respiro; ayudan a combatir el aislamiento; y reconocen que cuidar no puede seguir siendo una carga silenciosa que se paga con tiempo, salud y oportunidades. Una ley no resuelve por sí sola la desigualdad, pero sí define qué considera valioso un Estado. Y esta ley dice algo esencial: que el cuidado importa, que la dignidad de quienes requieren apoyos importa, y que quienes cuidan merecen reconocimiento y mejores condiciones.
Chile Cuida no es un gesto simbólico: es un giro de Estado que comienza a saldar una deuda histórica. Como región, y como país, tenemos el desafío de hacer del cuidado una tarea compartida, con corresponsabilidad social y de género, y con presencia territorial. Porque cuando el cuidado se reconoce y se organiza, no solo cambia la vida de quienes cuidan o de quienes necesitan apoyo: cambia el tipo de sociedad que decidimos ser.
Por Paulina Mora, Seremi de Gobierno de la Región de Coquimbo
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