Chile reduce la pobreza, pero deja atrás a los más pobres

Voceros 2025Por Fernando Montenegro, jefe de operación social de Hogar de Cristo Araucanía

Esta semana el gobierno presentó los datos de la encuesta CASEN 2024 destacando la reducción de la pobreza en Chile. Es una noticia que, a primera vista, invita al optimismo. Pero si uno mira los datos con más atención, la historia cambia.

Y cambia de forma inquietante.

Hoy, más de 3,4 millones de personas siguen viviendo en pobreza por ingresos. No logran cubrir sus necesidades básicas ni siquiera considerando las ayudas del Estado. Pero el dato más duro -y menos comentado- es otro: más de 1,1 millón de personas vive en pobreza severa. Son pobres por ingresos y, además, enfrentan múltiples carencias en vivienda, salud, educación, trabajo, cuidados o redes de apoyo. Es decir, viven ambas pobrezas, lo que significa vulnerabilidad y precariedad en su forma más profunda y persistente.

Nuestra región de La Araucanía ocupa el primer lugar en pobreza por ingresos con un 28.6% de sus habitantes en esta situación. Esto es más de 11 puntos por sobre el promedio país que es de un 17.3%. La pobreza multidimensional, que engloba múltiples aspectos del bienestar, alcanza un 15.9%, lo que nos ubica casi dos puntos bajo el 17.7% de esta pobreza a nivel país. En este ítem, la región más pobre hoy es Tarapacá, con 22.2%; seguida de Atacama, con 20.2%; y la Metropolitana, con 19.7%. 

Pero la CASEN muestra algo que debería preocuparnos más que cualquier titular: el 10% más pobre de Chile hoy genera menos ingresos propios que hace quince años. Sus ingresos laborales caen, mientras los subsidios aumentan y pasan a representar cerca del 70% de lo que recibe un hogar. Las transferencias son necesarias -nadie discute eso-, pero cuando no van acompañadas de oportunidades reales, terminan administrando la pobreza en vez de superarla.

Chile ha avanzado en protección social, pero ha retrocedido en algo clave: fortalecer la capacidad de las personas para salir adelante por sí mismas. Trabajo digno, acceso a cuidados, educación pertinente, redes comunitarias. Eso se llama “capacidad de agencia”. De “agenciarse” el bienestar por uno mismo. Y sin el desarrollo de esa capacidad, no hay salida sostenible de la pobreza.

También existen alertas que no se resuelven con bonos: más soledad, menos redes de apoyo, hogares que cuidan a personas dependientes sin ayuda, empleo precario que no alcanza para vivir. La pobreza hoy no es solo falta de plata. Es cansancio, abandono y falta de oportunidades reales.

Celebrar promedios mientras más de un millón de personas vive atrapada en pobreza severa es un error. Esta pobreza, que es la más cruda y la que más requiere atención, ubica a La Araucanía en segundo lugar con un 8.6%. Sólo la antecede Tarapacá, con un 9%, frente a un promedio nacional de 6.1%. Ese porcentaje habla de un número absoluto de 1.193.010 personas en situación de pobreza severa en el país, lo que representa una auténtica emergencia social, en el sentido de que son personas con privaciones múltiples y profundas que afectan su bienestar cotidiano.

La pregunta de fondo es si estamos dispuestos a mirar de frente a quienes siguen quedando atrás y a cambiar el foco de las políticas públicas. Requerimos menos triunfalismo, más humanidad, más dignidad y más capacidad de acción para quienes hoy no la tienen.

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