Estornudos, congestión nasal y ojos llorosos se vuelven parte del día a día, afectando la calidad de vida y el bienestar general.
“El principal desencadenante de las alergias primaverales es el polen, que se libera al ambiente por árboles, pastos y flores”, explica Pamela Varas, directora de la carrera de Enfermería de la Universidad Andrés Bello, sede Viña del Mar. “Los síntomas más comunes son rinitis, conjuntivitis alérgica y, en algunos casos, asma. En niños, además, pueden aparecer urticaria, eczemas y mayor irritabilidad”, agrega.
Para evitar complicaciones, es clave reconocer los signos de alerta. “La anafilaxia, aunque poco frecuente en alergias al polen, puede ocurrir en personas muy sensibles. Si hay dificultad para respirar, hinchazón facial o mareos, se debe acudir de inmediato a un centro médico”, advierte Varas.
Prevención
En casos leves, el manejo doméstico puede ser eficaz: cerrar ventanas en las mañanas, usar antihistamínicos bajo indicación médica y evitar actividades al aire libre en días de alta concentración de polen.
La prevención es fundamental. Mantener el jardín podado, lavar la ropa de cama con frecuencia y ducharse tras estar al aire libre son medidas simples pero efectivas. “La primavera no tiene por qué ser una tortura. Con información, prevención y atención oportuna, es posible disfrutarla plenamente”, concluye la académica de la UNAB.
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