Categorías: VALPARAÍSO

Narco-militares: una señal de alerta

La reciente revelación sobre la implicación de suboficiales del Ejército de Chile en una operación de tráfico de drogas avaluada en más de 3 mil millones de pesos no puede pasar desapercibida ni tratarse como un hecho aislado. Es un caso que hiere profundamente la confianza pública en las instituciones castrenses y que pone de relieve una amenaza que, si no es enfrentada con decisión, puede crecer hasta descomponer por dentro nuestra institucionalidad democrática.

Por desgracia, ya no se trata del primer escándalo que involucra a funcionarios de las Fuerzas Armadas o de Orden y Seguridad en actividades delictivas. Y aunque no parece ser aún una práctica generalizada, sí es un síntoma de una enfermedad institucional que comienza a expandirse silenciosamente: la penetración de la criminalidad organizada en estructuras del Estado que históricamente se han concebido como pilares de probidad, disciplina y defensa de la legalidad.

Este caso debiera encender todas las alarmas del sistema político. Se necesita una reacción firme y rápida: controles internos más rigurosos dentro de las fuerzas armadas, mecanismos efectivos de fiscalización externa, y reformas legales que contemplen penas agravadas para quienes, aprovechándose del poder y las atribuciones que otorga el Estado, incurran en delitos de corrupción y crimen organizado. En la democracia, el poder debe implicar mayor responsabilidad, no mayor impunidad.

Es cierto que, en este caso, fue el propio Ejército quien realizó la denuncia ante el Ministerio Público. Ese gesto debe reconocerse. Sin embargo, no basta con reaccionar una vez cometido el delito: la prevención debe ser parte central de la estrategia. Y eso requiere cambios estructurales en la forma en que se supervisa y evalúa la conducta de quienes integran las instituciones armadas, policiales y, en general, todo el aparato público.

La corrupción no es un fenómeno exclusivo de un sector o país; es parte de la condición humana y está presente en toda sociedad, por ello se debe combatir con fuerza, convicción y políticas sostenidas y que trasciendan a gobiernos de turno. El combate a la corrupción no es problema de un gobierno determinado, es un tema de Estado. No podemos permitir que se naturalice ni se minimice, porque el riesgo es enorme: cuando la corrupción se hace sistémica, el paso siguiente es el colapso institucional. Un Estado capturado por intereses delictivos es un Estado fallido.

Chile aún está a tiempo. Pero no debemos engañarnos: los síntomas ya están a la vista. Lo que está en juego es mucho más que la limpieza de una institución; es la salud y la sobrevivencia de nuestra democracia.

Jorge Astudillo, académico de la Facultad de Derecho UNAB, sede Viña del Mar

Prensa

Compartir
Publicado por
Prensa

Entradas recientes

Aguas Décima: Más de 7 mil clientes se sumaron en enero a campaña solidaria con Bomberos

Un total de $12.185.949 fue el monto recaudado durante enero de 2026 en el marco…

7 horas hace

Con el programa “Mira para Arriba” Saesa refuerza la prevención de accidentes eléctricos en Los Ríos

Con el objetivo de crear conciencia sobre los riesgos eléctricos y fortalecer la cultura de…

7 horas hace

PUCV: Desarrollan nueva tecnología para medir contaminación lumínica

Se trata de un sensor de alta precisión que busca medir el brillo en el…

7 horas hace

OSULS llena de música la conurbación junto a su programa “Verano en clave musical”

Tras el éxito estival de su ciclo de música de cámara, el elenco profesional se…

7 horas hace

BAJ Los Lagos inicia llamado regional para integrar su programación 2026

La convocatoria está dirigida a artistas docentes de la Región de Los Lagos que deseen…

7 horas hace

Investigador USM estudia la evolución del campo magnético de la Tierra a través de rocas volcánicas

Utilizando la innovadora técnica de tomografía micromagnética, el Dr. David Cortés se encuentra trabajando en…

7 horas hace