La actividad reunió a representantes del mundo académico, público y privado para discutir el escenario energético del país y sus implicancias regionales. Durante la jornada, que contó con un panel de expertos, se presentaron los resultados del informe Estado de la Transición Energética, elaborado por el Observatorio de la Transición Energética y expuesto por su director, el exministro de Energía Claudio Huepe.
El rápido avance de las energías renovables ha situado a Chile entre los países líderes de América Latina en generación eléctrica limpia. Sin embargo, este progreso convive con desafíos relevantes para lograr una transición energética integral. Así lo plantea el informe Estado de la Transición Energética, elaborado por el Observatorio de la Transición Energética (ODTE), cuyos resultados fueron presentados en el marco del Seminario de Transición Energética, realizado en la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC).
El estudio indica que cerca del 70% de la generación eléctrica del país proviene hoy de fuentes renovables, impulsadas principalmente por el despliegue de energía solar y eólica durante la última década. Desde 2010, la transición energética ha avanzado con fuerza en el sector eléctrico, lo que ha permitido reducir la participación de combustibles fósiles en la generación. Sin embargo, este progreso no se ha traducido en una disminución proporcional de las emisiones totales, que han aumentado cerca de un 30% en los últimos 15 años, debido a que gran parte de los consumos energéticos del país continúa dependiendo de hidrocarburos.
El informe, liderado por el exministro de Energía Claudio Huepe y la economista Mónica Ruiz, advierte que la transición energética es un proceso más amplio que la incorporación de energías renovables en la generación eléctrica. Este fenómeno involucra transformaciones tecnológicas, económicas y sociales que impactan aspectos como el empleo, el acceso equitativo a la energía, la seguridad del suministro, la calidad del servicio y los costos para los hogares.
Por su parte, el director del Observatorio de la Transición Energética, Claudio Huepe, destacó la importancia de analizar este proceso desde una perspectiva territorial. “Uno de los aspectos que quisimos relevar en esta presentación es la dimensión regional de la transición energética. Sabemos que en Chile hay áreas donde el avance ha sido rápido y otras donde aún existen rezagos, por lo que es clave reflexionar sobre cómo recorrer este proceso. La transición no es un punto de llegada, sino un camino que debemos construir de manera gradual”, detalló.
Huepe agregó que las regiones pueden desempeñar un papel relevante a través de avances progresivos. “A veces se piensa solo en grandes transformaciones, pero también es posible generar cambios significativos mediante mejoras graduales, como avanzar hacia usos más eficientes de la energía o utilizar combustibles menos contaminantes. En zonas como el Biobío, temas como la calefacción residencial y la eficiencia energética pueden generar impactos importantes tanto en la calidad de vida de las personas como en el desarrollo económico y social”, señaló.
La presentación del informe se realizó por invitación del Centro de Energía de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, y reunió a representantes del mundo académico, público y privado para analizar los desafíos de este proceso en la región.
En el marco del seminario también se desarrolló el panel debate “Transición Energética: Desafíos y Oportunidades para la Región del Biobío”, instancia que abordó el impacto del proceso energético en el territorio desde distintas perspectivas sectoriales. Participaron Ricardo León, investigador del Centro de Energía de la UCSC; Matías Ríos, coordinador del Área de Innovación y Emprendimiento del Comité Corfo Biobío; Juan José Moltedo, de Bioforest Arauco; y Javier Piedra, de la Fundación Energía Para Todos.
Para el investigador del Centro de Energía de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), Ricardo León, analizar estas transformaciones desde una perspectiva territorial resulta clave. “La transición energética muchas veces es difícil de percibir hasta que se manifiesta en la vida diaria. Se ve, por ejemplo, en la cuenta de la energía, cuando debemos cambiar sistemas de calefacción más contaminantes o cuando una comunidad se enfrenta a la instalación de proyectos eólicos o solares en su territorio. Por eso es importante abordarla desde múltiples dimensiones y avanzar hacia una transición energética justa, que permita minimizar los impactos negativos y maximizar los beneficios para la sociedad”, señaló.
Desafíos de la transición energética
El informe plantea que Chile enfrenta actualmente una transición energética desigual y fragmentada, por lo que resulta necesario involucrar activamente a la ciudadanía y fortalecer la articulación entre el sector público y privado para avanzar de manera más equilibrada.
Los mayores rezagos se concentran en sectores como transporte, industria y edificaciones, donde persiste una alta dependencia de combustibles fósiles. En el ámbito del transporte, pese al crecimiento sostenido de la electromovilidad, los vehículos eléctricos representan apenas el 0,5% del parque vehicular nacional.
En el sector residencial, en tanto, continúa el uso intensivo de leña como fuente de calefacción, especialmente en el centro y sur del país. Cerca de un 30% de los hogares utiliza esta fuente energética, mientras que aproximadamente un 25% de las familias declara pasar frío durante el invierno, reflejando la persistencia de la pobreza energética.
A este escenario se suman factores que inciden en la viabilidad social del proceso. En los últimos dos años, las tarifas eléctricas para clientes regulados han registrado alzas superiores al 60%, mientras que la calidad del suministro aún presenta debilidades, con niveles de interrupciones que superan los estándares observados en países desarrollados.
Pese a estos desafíos, el estudio destaca que la transición energética representa también una oportunidad estratégica para el desarrollo del país. Solo en 2023, la inversión en el sector energético superó los US$17 mil millones, impulsada por proyectos de energías renovables, sistemas de almacenamiento y desarrollo de hidrógeno verde.
A ello se suma el papel creciente de la minería de minerales críticos, como el cobre y el litio, que se posicionan como componentes relevantes de la economía asociada a la transición energética a nivel global.
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