La reciente difusión de un video en redes sociales, que muestra una acalorada discusión entre un profesor y un estudiante en un establecimiento de Limache, ha abierto un debate sobre los límites y responsabilidades del lenguaje en el aula. Para el Dr. Sergio Gatica, investigador del Centro de Investigación en Educación y Desarrollo (CIEDE) de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), el uso de la palabra por parte del docente es central en el proceso formativo.
“El aula debe ser uno de los mejores espacios de interacción social con miras a la formación intelectual de los estudiantes. El lenguaje debe ser formal, técnico, descriptivo y tener un tono adecuado, sin dejar de lado la cordialidad y la calidez. La sala debe ser un espacio de seguridad física y psicológica, tanto para los estudiantes como para los profesores. En el lamentable registro que se ha divulgado, no vemos nada de eso”, enfatiza el Dr. Gatica, jefe del Magíster en Psicopedagogía y Educación Especial y académico de la Facultad de Educación UCSC.
El académico también subraya que la formación ética y emocional de los futuros docentes es clave, pero reconoce que puede verse condicionada por experiencias previas no resueltas.
“Si un futuro docente viene de experiencias adversas que lo han dañado psicológicamente y arrastra problemas de salud mental no tratados, es difícil abordar esos aspectos sin apoyo especializado. El trabajo de profesor es altamente estresante, en especial en entornos de alta vulnerabilidad, pero ese estrés no explica por sí solo reacciones como la observada; probablemente hay algo más de fondo”, afirma.
En cuanto al manejo de desacuerdos ideológicos o valóricos en la sala, el Dr. Sergio Gatica propone que los contenidos se traten desde una perspectiva analítica y no desde experiencias personales cargadas de sesgo. “Muchos profesores de historia vivieron los años de la dictadura y transmiten los contenidos con experiencias personales; me parece que eso es un error. La perspectiva personal puede contaminar el objetivo de aprendizaje. Si estos temas nos siguen enfrentando, más de cincuenta años después de ocurridos, es porque hemos fracasado como generación. A los jóvenes debemos entregarles capacidad analítica desapasionada, no nuestro dolor o rencor”.
Para el académico, el desafío está en garantizar que la sala de clases siga siendo un espacio seguro, donde el respeto y el diálogo permitan aprender y disentir sin agredir ni excluir.
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