El próximo 4 de marzo se abrirá el proceso de inscripción para la PAES de Invierno, una instancia que en pocos años ha dejado de ser una alternativa excepcional para transformarse en una herramienta estratégica dentro del sistema de acceso a la educación superior.
Esta rendición forma parte del reordenamiento que implicó la transición desde la PSU hacia la PAES y responde a una lógica clara: durante años, el sistema estuvo excesivamente concentrado en un solo momento del calendario, con una carga de presión desproporcionada.
“La PAES de Invierno abre una oportunidad concreta para hacer algo que antes era mucho más difícil: planificar con margen”, explica Carolina Rojas Parraguez, directora académica de CPECH. “La lógica de tener dos rendiciones es simple y bastante humana: abrir alternativas y hacer el proceso menos castigador para quienes no rinden bien en una única fecha, ya sea por nervios, contexto o circunstancias personales”.
La inscripción se extenderá hasta el 17 de marzo, aunque podría cerrar antes si se completan los 50.000 cupos disponibles, destinados exclusivamente a egresados, describe la especialista. Las pruebas se aplicarán el 15, 16 y 17 de junio.
Un escenario más competitivo
En el último tiempo, se ha vislumbrado un aumento sostenido en los puntajes, elevando el estándar competitivo. Si se consideran los resultados de CPECH —preuniversitario con cuatro décadas de trayectoria formando a futuros profesionales—, en el proceso 2025, más de 3.300 estudiantes superaron los 900 puntos y cerca de 500 alcanzaron puntaje máximo, con una fuerte concentración en Matemática M1.
Este fenómeno no se limita a la Región Metropolitana. Los puntajes máximos de CPECH se distribuyeron en diversas ciudades del país, desde Arica hasta Punta Arenas, reflejando que el alto rendimiento académico es cada vez más transversal.
“Hoy no basta con preparar contenidos de manera superficial. El escenario exige diagnóstico temprano, nivelación estratégica y trabajo sostenido en habilidades, especialmente en comprensión lectora y razonamiento matemático”, señala Carolina Rojas.
En este contexto, la PAES de Invierno ofrece una ventaja clave: cambia el marco mental con que se enfrenta el proceso. “Cuando sabes que existe otra instancia, el error deja de sentirse como una sentencia. Hay espacio para rendir, medir, entender qué pasó y ajustar”, agrega.
Decidir con evidencia, no con presión
Según explica Carolina Rojas, la existencia de dos fechas de rendición —invierno y regular— permite algo que antes no se podía hacer con la misma claridad: tomar decisiones con evidencia. No desde suposiciones ni desde la presión del calendario, sino desde resultados reales y un plan.
“El sistema actual permite armar el ‘pack’ de postulación con los mejores resultados por prueba de las últimas PAES rendidas, considerando hasta dos procesos de admisión. Esto abre múltiples combinaciones estratégicas”, detalla.
Se puede optar por rendir todas las pruebas en cada instancia o focalizar la energía por períodos, priorizando aquellas que más ponderan en la carrera elegida. Si una carrera asigna mayor porcentaje a una prueba específica, conviene destinarle más tiempo de preparación y rendirla en ambas oportunidades. “De esta forma, la PAES de Invierno puede funcionar como primera medición: observar el resultado, identificar brechas y ajustar el plan de estudio. Luego, la rendición regular ofrece una nueva oportunidad para intentar subir precisamente en la prueba que más impacta el puntaje final”, explica Rojas, añadiendo que “la diferencia está en definir una estrategia y no rendir por rendir”, enfatiza Rojas.
Más oportunidades, más exigencia
Este rediseño es positivo, pero también tiene efectos que conviene considerar, especialmente en carreras de alta demanda. Si más postulantes utilizan esta instancia para optimizar sus resultados, la competencia puede intensificarse.
“Cuando el sistema se vuelve más estratégico, también se vuelve más exigente. La PAES de Invierno puede ayudar muchísimo si se usa con método, pero puede desgastar si se utiliza desde la ansiedad o como un ‘por si acaso’ sin planificación”, advierte la directora académica.
En un escenario donde el estándar de exigencia se eleva y las trayectorias educativas son cada vez más flexibles, la planificación estratégica aparece como una herramienta central: “La educación superior no es una carrera contra el tiempo, sino un proceso que puede abordarse en etapas. Entender eso permite tomar decisiones más informadas y sostenibles”, concluye la directora académica de CPECH.
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