“Los factores de riesgo más frecuentes son la hipertensión arterial y la diabetes mellitus, seguidos por la obesidad, el tabaquismo, el sedentarismo, el envejecimiento y los antecedentes familiares”, explica Meline Torreblanca, académica de la Facultad de Enfermería de la Universidad Andrés Bello. “Todas estas condiciones, si no se controlan, van dañando lentamente la estructura y la función del riñón”.
Detección temprana
Uno de los grandes desafíos es la detección precoz. Torreblanca enfatiza que existen dos exámenes fundamentales para identificar el daño renal en etapas iniciales:
• Creatinina en sangre con cálculo de la tasa de filtración glomerular, que indica qué tan bien están filtrando los riñones.
• Medición de proteína o albúmina en orina, que permite detectar daño renal incipiente.
“En personas con hipertensión, diabetes o mayores de 60 años, estos exámenes debieran realizarse de forma periódica en la atención primaria”, advierte la experta.
Educación y cambios de hábitos
La educación del paciente es esencial para evitar complicaciones y retrasar la progresión de la enfermedad. “Se trabaja en tres líneas principales”, detalla Torreblanca:
• Control de las enfermedades de base: presión arterial, glicemia, colesterol y peso corporal.
• Cambios de estilo de vida: reducción de sal, alimentación saludable, actividad física, suspensión del tabaco y evitar la automedicación con analgésicos.
• Entrega de información clara y concreta: explicar qué es la enfermedad, cuáles son las metas de control, qué medicamentos usa, qué signos de alarma vigilar y cuándo consultar.
“Cuando el paciente entiende su condición y participa activamente en su cuidado, los resultados son mucho mejores”, subraya.
Enfermería en diálisis
Cuando la enfermedad avanza y el paciente requiere diálisis, la enfermería cumple un papel crucial. “Nuestra labor es integral: realizamos la evaluación clínica antes, durante y después de cada sesión, vigilamos el acceso vascular, prevenimos complicaciones e infecciones, ajustamos el plan de cuidados y educamos constantemente al paciente y su familia”, explica la académica de la UNAB.
Este acompañamiento incluye orientación sobre dieta, líquidos, medicamentos, cuidados del acceso y preparación para un eventual trasplante. “Es un rol clínico, educativo y de apoyo emocional muy cercano”, agrega.
¿Cómo cuidar los riñones?
• La académica entrega recomendaciones simples que pueden marcar la diferencia:
• Controlar la presión y la glicemia en la sangre.
• Mantener un peso saludable, hacer actividad física y reducir la sal.
• Evitar la automedicación con antiinflamatorios.
• No fumar.
• Realizarse los exámenes recomendados si se tiene diabetes, hipertensión, más de 60 años o familiares con enfermedad renal.
• Consultar si aparecen hinchazón en piernas, cambios en la orina o cansancio intenso que no se explica.
“Los riñones son órganos vitales y silenciosos. Cuidarlos es una inversión en salud y calidad de vida”, concluye Torreblanca.
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