La actriz y comediante Javiera Contador anunció recientemente que enfrenta un diagnóstico de cáncer de tiroides y que deberá someterse a cirugía en los próximos meses, tras detectarse la enfermedad en un control médico oportuno. La noticia ha puesto el foco en la importancia de conocer qué miden realmente los exámenes de tiroides y cuándo deben realizarse para detectar a tiempo posibles alteraciones de la glándula.
Según explica Ernesto Sánchez, académico de la Escuela de Tecnología Médica UNAB, La glándula tiroides, situada en la parte anterior del cuello, produce hormonas que regulan funciones claves del organismo como el metabolismo basal, la temperatura corporal y el ritmo cardíaco. “Evaluar su funcionamiento con exámenes de laboratorio es fundamental para detectar desde trastornos más frecuentes, como hipotiroidismo o hipertiroidismo, hasta lesiones más graves como nódulos o, en casos menos comunes, cáncer”.
Qué miden estos exámenes
El docente señala que para evaluar de manera adecuada la función tiroidea es esencial conocer qué se mide y cómo interpretar esos resultados.
“La base del estudio tiroideo es la medición de TSH y T4. La TSH, secretada por la hipófisis, actúa como principal reguladora de la glándula tiroidea, mientras que la T4 refleja la producción hormonal propia de la tiroides. Analizadas en conjunto, permiten identificar si existe una función normal, disminuida (hipotiroidismo) o excesiva (hipertiroidismo)”, indica.
En el hipotiroidismo, según cuenta, la glándula produce cantidades insuficientes de hormonas. “Esto se traduce en síntomas como fatiga, aumento de peso, intolerancia al frío, estreñimiento, piel seca, depresión y alteraciones menstruales”, agrega. En el hipertiroidismo, en cambio, indica que puede haber nerviosismo, insomnio, palpitaciones, temblor fino, sudoración, intolerancia al calor y pérdida de peso pese a mayor apetito.
Sin embargo, recalca que no todos los valores alterados en un examen indican enfermedad. “Existen factores que pueden interferir en las mediciones, como presencia de anticuerpos tiroideos en patologías autoinmunes, algunas vitaminas, interferencias en los inmunoanálisis y medicamentos como litio, corticoides, anticoagulantes o diuréticos, que pueden modificar los resultados o su interpretación”, explica.
Además, el momento en que se realiza el control influye en la utilidad del examen. En pacientes con hipotiroidismo crónico estable, los protocolos nacionales recomiendan medir TSH cada uno o dos años si la condición está controlada. “Tras un ajuste de dosis de tratamiento, se debe esperar entre seis y ocho semanas antes de revaluar los niveles hormonales. En personas con hipertiroidismo, los controles suelen ser más frecuentes al inicio, hasta lograr estabilidad, y luego pueden espaciarse”, complementa Sánchez.
La experiencia de figuras públicas como Javiera Contador, cuya detección se hizo en un contexto clínico y llevó a un tratamiento quirúrgico planificado, recuerda que la detección temprana y la evaluación adecuada de la función tiroidea son pilares para un diagnóstico oportuno y un manejo efectivo de la salud de la tiroides.
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