El inicio del año suele venir acompañado de metas, propósitos y listas interminables de lo que se espera corregir, mejorar o lograr. Sin darnos cuenta, esa energía de reinicio puede transformarse en presión: la idea de partir con el pie derecho, de no fallar esta vez, de demostrar —a otros y a uno mismo— que el año será distinto. Y eso, lejos de motivar, muchas veces agota.
Cada persona comienza el año desde un lugar emocional distinto. Hay quienes arrastran cansancio, duelos no resueltos, incertidumbres laborales o personales, o simplemente la necesidad de detenerse sin culpa. Reconocer que cada proceso es único y que no debe compararse con el de otros permite que el inicio de año no se viva como una competencia, sino como una carrera propia, más amable con el mundo interno y con la realidad de cada uno.
Quizás el mayor desafío de enero sea bajar el volumen de las exigencias y escuchar con honestidad cómo estamos. No todo debe resolverse de inmediato. A veces, empezar bien el año significa ir más lento, ordenar prioridades, redefinir objetivos y revisar qué entendemos por bienestar psicológico.
El año comienza en enero, pero se construye a lo largo del tiempo. Hacerlo con conciencia, respeto por los propios límites y comprensión hacia uno mismo puede marcar una diferencia profunda. No se trata de partir perfecto, sino de partir conectado con lo que necesitamos hoy, para que el camino tenga más sentido y menos peso.
Dra. Pía Mariel
Psicóloga
Tarapacá Interclinica
El congresista indicó que el grave error que dejó sin el pago a miles de…
Para este jueves 15 de enero se han programado labores de despeje de vegetación y…
Un importante hito para la educación de la primera infancia vivió la comuna de Villarrica,…
De manos de la alcaldesa de la comuna de Vilcún, Katherinne Migueles Muñoz, se realizó…
Con la llegada del verano y las vacaciones, los horarios más flexibles y las reuniones…
El 13 de enero de 2024 se dio un paso histórico para el país: la…