Chile atraviesa una crisis demográfica sin precedentes. La tasa de fecundidad llegó a solo 0,88 hijos por mujer, una de las más bajas del mundo. La natalidad también cayó: solo 8,7 nacidos vivos por cada mil habitantes. Estos datos, sumados al envejecimiento poblacional y al aumento de la mortalidad, amenazan con frenar el crecimiento económico y tensionar los sistemas de seguridad social.
¿Por qué ocurre esto? Hay factores estructurales y culturales en juego: el alto costo de la vida, la inseguridad laboral, la falta de redes de apoyo y un cambio en los proyectos de vida. Muchas mujeres postergan o descartan la maternidad para priorizar su desarrollo personal y profesional. A esto se suma una redefinición del rol de la familia y el peso desigual de las tareas de cuidado.
Frente a este escenario, urge una política pública integral: incentivos económicos reales, acceso universal a cuidado infantil, corresponsabilidad parental efectiva y medidas que garanticen salud sexual, reproductiva y mental. Esto no puede quedar en manos solo del sistema de salud: requiere una mirada intersectorial que articule educación, trabajo y políticas sociales.
No se trata de imponer la maternidad, sino de remover las barreras que hoy la hacen inviable. El futuro del país depende de decisiones valientes y coordinadas en el presente.
Angie Demierre Mardones
Académica Escuela de Obstetricia UNAB
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