En 2006, las mujeres representaban el 7,8% del total de empleados en la industria, con 1.592 trabajadoras permanentes. Sin embargo, desde entonces, su presencia ha disminuido drásticamente, llegando a un mínimo de 456 mujeres en 2013. Aunque hubo una leve recuperación en los últimos años, con 834 empleadas en 2021 y 2022, la cifra volvió a caer en 2023, situándose en 734. Esta reducción contrasta con la menos pronunciada disminución en la ocupación masculina, lo que sugiere que las mujeres están abandonando la industria a un ritmo mayor que los hombres.
Pero no solo se trata de números. La distribución del empleo femenino dentro de la industria del aserrío revela una segmentación ocupacional. En 2023, el 55,9% de las mujeres empleadas se concentraban en áreas de administración y gerencia, mientras que solo el 39,5% trabajaba en operación y producción, un área donde los hombres dominan con 11.578 empleados masculinos. Esta brecha puede ser reflejo de estereotipos de género que asocian el trabajo físico y operativo con lo masculino, y las tareas administrativas con lo femenino. Además, la presencia de mujeres en roles de apoyo es casi testimonial, con solo 33 trabajadoras en este segmento.
Al analizar la distribución del empleo según el tamaño de los aserraderos, en labores de administración y gerencia, los aserraderos pequeños y medianos concentran la mayor cantidad de mujeres, con 171 y 178 trabajadoras respectivamente, mientras que en los grandes aserraderos la cifra desciende a 62. En operación y producción, la tendencia se invierte: los aserraderos pequeños registran la menor cantidad de mujeres (42), mientras que los medianos (110) y grandes (138) presentan cifras ligeramente mayores. Sin embargo, incluso en estos casos, la presencia femenina es marginal en comparación con la masculina.
Estos datos no solo evidencian una brecha de género, sino también una oportunidad para esta industria, por cuanto la diversidad en el lugar de trabajo es un factor que impulsa la innovación y aplicación de nuevas tecnologías, contexto en el cual la inclusión de la mujer es un aporte para el desarrollo económico de los territorios, la productividad y la competitividad.
Las mujeres tienen mucho que aportar en todos los niveles de la industria, desde la operación hasta la toma de decisiones estratégicas. Para lograrlo, es necesario crear entornos laborales más inclusivos y adaptarse a los desafíos del siglo XXI.
Sandra Gacitúa Arias
Directora Ejecutiva
Instituto Forestal (INFOR)
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