Alejandra Ponce, académica de la carrera de Tecnología Médica de la Universidad Andrés Bello, sede Viña del Mar, profundiza en este problema y entrega recomendaciones prácticas.
Principal motor silencioso de cálculos
Uno de los factores que más incide en la formación de cálculos es la baja ingesta de agua, un hábito deficiente que se observa de forma recurrente en el país. “En general, los chilenos consumimos poca agua y tenemos mayor preferencia por jugos y bebidas, lo que favorece la aparición de cálculos”, señala Ponce.
Aunque parte del líquido proviene de los alimentos, la especialista recuerda que, además, se recomienda beber entre 4 y 6 vasos de agua al día, o 30 cc de agua por kilo de peso de la persona. Cabe destacar que muchas personas no alcanzan esta cifra.
Pero no se trata solo de hidratación. La alimentación también juega un rol clave. “Mantener una dieta alta en proteínas puede influir en la aparición de cálculos, e incluso existen factores genéticos que predisponen a algunas personas a desarrollar este problema”, explica la académica de la UNAB.
Dolor intenso y hematuria
El síntoma más característico de un cálculo renal aparece cuando esta especie de “piedrecilla” se desplaza y queda atrapado en los uréteres. “El síntoma principal será el dolor, que puede variar en intensidad y aparecer en la espalda, los costados o irradiar hacia la ingle”, detalla Ponce.
Asimismo, pueden presentarse signos que requieren especial atención:
Orina de color rojo, debido a la presencia de glóbulos rojos (hematuria).
Náuseas o vómitos.
Fiebre asociada a infección.
“Se recomienda consultar a un especialista cuando el dolor no permite estar en ninguna posición, si aparece fiebre o si hay hematuria. Son señales que no deben esperar”, enfatiza Ponce.
Importancia del laboratorio
Además de las imágenes diagnósticas —como ecografías o tomografías—, los exámenes de orina y sangre aportan información determinante para confirmar y comprender el cuadro.
“Un análisis sencillo consiste en preparar un sedimento urinario y observarlo al microscopio. Es posible visualizar cristales o cálculos, siendo los más comunes los de oxalato de calcio, fosfato cálcico y ácido úrico”, explica.
Este estudio no solo identifica la composición del cálculo, sino también si existen infecciones asociadas. “En la orina podemos detectar glóbulos blancos o bacterias, además de cuantificar minerales como calcio o ácido úrico. Todo eso orienta el tratamiento”, añade.
La función renal también debe evaluarse mediante exámenes de sangre. “A través de la medición de creatinina y de la tasa de filtración glomerular podemos saber cómo están funcionando los riñones y si existe compromiso renal”, indica Ponce.
En el marco del Día Mundial del Riñón, la académica subraya que gran parte de los casos podría evitarse incorporando hábitos simples:
Aumentar el consumo de agua.
Reducir bebidas azucaradas.
Mantener una dieta equilibrada.
No postergar los controles médicos.
“La prevención es clave. Un cambio tan sencillo como tomar más agua puede disminuir significativamente el riesgo de formar cálculos”, concluye la académica de la UNAB.
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