Por ello, el recambio de gobierno debiera ser una oportunidad para corregir brechas detectadas y transitar desde la lógica de la urgencia hacia una reconstrucción con sentido de largo plazo, entendida como una política social territorial sostenida más allá de los ciclos políticos y que no puede construirse solo desde el Estado.
La experiencia demuestra que las comunidades organizadas son portadoras de memoria, conocimiento situado y legitimidad, capaces de exigir que lo avanzado sea el piso mínimo. A su vez, el gobierno central y regional entrantes deben articularse con un gobierno local preexistente, reconociendo su rol estratégico y su vínculo con el territorio. Desde un enfoque intersectorial basado en las personas, la reconstrucción debe responder a trayectorias de vida integrales —vivienda, cuidados, salud y trabajo—. Reconstruir no es solo levantar infraestructura, sino sostener procesos sociales y coproducir futuro con las comunidades.
Ingrid Robert Calisto, académica de Trabajo Social, Unab sede Viña del Mar.
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