Por: Perla Guatemala, comunicadora social.
¿Por qué importa el liderazgo femenino?
Diversos estudios internacionales coinciden en que las organizaciones con mayor diversidad de género tienden a ser más innovadoras y sostenibles. Equipos diversos toman decisiones más informadas, consideran más variables y gestionan mejor los riesgos.
En el ámbito público, la presencia de mujeres líderes ha demostrado impulsar políticas vinculadas a educación, salud, protección social y sistemas de cuidado. Estas áreas no solo mejoran la calidad de vida, sino que fortalecen el capital humano y la productividad de largo plazo.
Además, el liderazgo femenino tiene un impacto simbólico poderoso: rompe estereotipos, amplía expectativas y ofrece referentes concretos a niñas y jóvenes.
Comunicación, liderazgo y cambio cultural
Desde mi pasada experiencia como presidenta de la Corporación de Mujeres Periodistas, he podido constatar que el liderazgo femenino no solo transforma instituciones u organizaciones, sino también narrativas, donde los medios de comunicación cumplen un rol fundamental en la construcción de referentes y en la visibilización del talento femenino y que cuando las mujeres ocupan espacios editoriales, directivos y de opinión, se amplía la agenda pública, se diversifican las fuentes y se promueve una conversación social más representativa; se impulsan redes de apoyo, mentorías y formación en liderazgo dentro del periodismo, no como un gesto simbólico más bien como una inversión en democracia y pluralismo.
En los últimos años, el liderazgo femenino dejó de ser solo una bandera simbólica para convertirse en un factor estratégico de desarrollo. La evidencia es clara: cuando las mujeres participan en espacios de decisión, las sociedades avanzan en equidad, crecimiento y cohesión social. Chile, América Latina y la Región de La Araucanía muestran progresos importantes, pero también brechas que exigen atención urgente.
Chile se ha posicionado como uno de los países mejor evaluados en igualdad de género en la región. Según el Global Gender Gap Report, el país se ubica entre los primeros lugares de América Latina en materia de equidad: el país ha cerrado un 78% de su brecha de género, destacando especialmente en educación y salud.
Por otro lado, las mujeres representan más del 51% del padrón electoral y su presencia en el Congreso aumentó significativamente, pasando de 12 mujeres electas en 2021 a 16 en 2025.
En el Poder Ejecutivo, según el último dato de ONU Mujeres, Chile ha alcanzado niveles históricos de participación femenina en ministerios, situándose como el segundo país con mayor presencia de mujeres en cargos de alta responsabilidad política en la región.
Este avance no solo mejora la representación democrática, sino que amplía la mirada en la toma de decisiones públicas.
El Banco Interamericano de Desarrollo ha advertido que, aunque las mujeres representan más de la mitad del empleo público en la región, su presencia disminuye drásticamente en los niveles más altos de decisión. Esto revela que el acceso existe, pero el ascenso aún enfrenta barreras.
Promover liderazgos femeninos no es solo una causa social: es una decisión inteligente desde el punto de vista económico y democrático. Países con mayor participación femenina en la fuerza laboral y en cargos directivos muestran mejores indicadores de crecimiento y resiliencia ante crisis.
Por ejemplo, en el contexto empresarial, países como Francia y Reino Unido muestran participaciones femeninas en cargos directivos superiores al promedio global (más del 40 %), lo que forma parte de economías maduras donde se observa correlación —según informes de diversidad— con mejores prácticas de gobernanza y rendimiento organizacional.
En Chile, avanzar hacia mayor corresponsabilidad en tareas de cuidado, fortalecer políticas de conciliación laboral y familiar y promover cuotas o metas de participación en directorios son pasos clave para consolidar este cambio.
Haciendo zoom a nuestra Región de La Araucanía, creo que es bueno que podamos presentar datos y ejemplos concretos sobre avances ligados a liderazgos femeninos y a la participación de mujeres, tanto en empleo como en iniciativas sociales y movilidad profesional, como actividades académicas y culturales para visibilizar el aporte histórico y profesional de mujeres periodistas en la región, como el reconocimiento Sello Comunica y programa Compartamos un café con mirada de mujer donde se resaltan figuras profesionales en el periodismo regional dentro de un campo altamente masculinizado.
La pregunta ahora ya no es si las mujeres pueden liderar —eso está demostrado—, sino cuánto estamos dispuestos como sociedad a remover los obstáculos que aún limitan su plena participación.
El desarrollo sostenible de Chile y América Latina pasa, necesariamente, por ampliar los espacios de decisión para más de la mitad de su población. No se trata de reemplazar liderazgos, sino de complementarlos.
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