Diferentes empresas apuestan por redefinir la competitividad en el mercado chileno de frutas tropicales mediante calidad constante, eficiencia logística y alianzas estratégicas a largo plazo.
El mercado de importación de frutas en Chile atraviesa una transformación profunda, y en el centro de ese cambio existen empresas que han logrado trazar un camino claro en un sector altamente dinámico y competitivo.
A través de años de trabajo con proveedores internacionales y productores locales, la experiencia de reconocidos empresarios frutícolas como Gabriel Massuh ha identificado los pilares que hoy sostienen el éxito del rubro: calidad, eficiencia y confianza.
En su caso, lo que comenzó con la masificación de la importación de plátanos ha evolucionado hacia una oferta más diversificada que incluye frutas tropicales en la dieta chilena. Esta ampliación ha sido posible gracias a una cadena de suministro robusta, capaz de resistir escenarios complejos como interrupciones logísticas globales o variaciones climáticas extremas.
El camino hacia una industria frutícola más eficiente y responsable pasa por enfrentar desafíos que ya se asoman con fuerza. Uno de los principales es el impacto del cambio climático en los países exportadores, lo que podría afectar la disponibilidad de productos tropicales y elevar su volatilidad en precios.
Para Chile, que depende en gran medida de importaciones, este escenario representa tanto un riesgo como una oportunidad para buscar nuevos orígenes de abastecimiento o impulsar producciones locales.
Al mismo tiempo, la trazabilidad se ha vuelto un factor decisivo para los consumidores. Las exigencias ya no se limitan al aspecto o sabor del producto: hoy se exige conocer su origen, las prácticas agrícolas empleadas y contar con certificaciones que garanticen su calidad.
Otro aspecto clave es la digitalización. La incorporación de inteligencia artificial, automatización de inventarios y sistemas de monitoreo en tiempo real será esencial para mejorar la eficiencia y adaptarse a un entorno cada vez más tecnológico.
Gabriel Massuh, con su experiencia gestionando y conectando actores y grandes volúmenes, tiene una clara ventaja en este terreno.
Finalmente, la sostenibilidad ha dejado de ser un valor agregado para convertirse en un requisito. Por ello las empresas ya han comenzado a dar pasos concretos en esta dirección, impulsando el uso de envases compostables y trabajando con productores que comparten un compromiso con el medio ambiente.
El futuro del negocio frutícola no se medirá solo por el precio o la rapidez de entrega, sino también por el impacto ambiental y social de cada operación.
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