Docente de Enfermería
Universidad Andrés Bello
Los incendios forestales que han impactado a la Región del Biobío no sólo han provocado pérdidas humanas y materiales, sino que han generado un escenario sanitario complejo que requiere respuestas oportunas y coordinadas. La destrucción de viviendas, el desplazamiento de familias y las dificultades de acceso a servicios básicos aumentan el riesgo de enfermedades prevenibles, situando a la vacunación como una estrategia fundamental de protección de la salud pública.
En contextos de emergencia, destacan de manera prioritaria los riesgos de Hepatitis A y Tétanos. La falta de acceso a agua potable y saneamiento, junto con condiciones de hacinamiento, favorece la transmisión de Hepatitis A y otras infecciones gastrointestinales, mientras que la exposición a ambientes contaminados durante la remoción de escombros y los procesos de reconstrucción incrementa el riesgo de Tétanos, debido a heridas y cortes con materiales contaminados. Estas condiciones también facilitan la aparición de otras enfermedades infectocontagiosas, como infecciones respiratorias y afecciones de la piel, reforzando la necesidad de medidas preventivas oportunas.
La vacunación permite reducir de manera efectiva estos riesgos, especialmente en poblaciones vulnerables como niños, personas mayores, embarazadas y personas con enfermedades crónicas. Mantener actualizado el esquema antitetánico, reforzar la vacunación contra hepatitis A y asegurar la continuidad del Programa Nacional de Inmunizaciones son medidas claves para prevenir brotes y complicaciones de salud en las comunidades afectadas. Asimismo, la vacunación contribuye a disminuir la presión sobre los servicios de salud, que suelen verse sobrecargados tras eventos de esta magnitud.
Sin embargo, las emergencias socioambientales suelen dificultar el acceso oportuno a las campañas de vacunación. La pérdida de centros de atención, la distancia a los servicios de salud y las prioridades inmediatas de las familias, como la reconstrucción y la búsqueda de trabajo, pueden generar brechas de cobertura. Frente a este escenario, el trabajo intersectorial se vuelve indispensable para garantizar una respuesta sanitaria oportuna, efectiva y equitativa.
La coordinación entre el sector salud, los gobiernos locales y las universidades representa una oportunidad estratégica para ampliar la cobertura de vacunación. En particular, la participación de carreras del área de la salud, como Enfermería, permite desplegar operativos de vacunación en terreno, fortalecer la educación sanitaria y apoyar la vigilancia epidemiológica en comunidades afectadas. Estudiantes y docentes, bajo supervisión profesional, pueden contribuir activamente a acercar las prestaciones de salud a los territorios, reforzando la capacidad de respuesta del sistema.
En síntesis, frente a los desafíos sanitarios que dejan los incendios forestales en la Región del Biobío, la vacunación y el trabajo intersectorial coordinado emergen como pilares fundamentales para proteger la salud de las personas, reducir desigualdades y avanzar hacia una recuperación más segura y resiliente en las comunidades afectadas.
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